viernes, 5 de octubre de 2018

COMO DOS ULISES EN BUSCA DE NUESTRA ITACA PERDIDA

En uno de los cafés filosóficos de julio contamos con la presencia de Ekaitz Goikoetxea y su padre Joxe. A este último no lo conocía y de Ekaitz tenía algunas pinceladas: le había visto recitar en alguna ocasión algún poema junto a su hermana, conocía también su faceta de bertsolari y había leído en la prensa que había ganado algún concurso de aforismos.

Ekaitz Goikoetxea a mi izquierda en un cafe filosófico de julio. Foto; Mertxe Peña.
Desde un principio percibí en ellos un gran interés por los cafés filosóficos y una mezcla de sorpresa y admiración por el hecho de que yo les ofreciera la oportunidad de dialogar junto a otras personas de asuntos vitales desde un enfoque filosófico. No son los únicos, pues voy encontrando este tipo de personas, entre las que me incluyo, para las cuales el hecho de dialogar y argumentar en grupo supone una especie de acontecimiento extraordinario que satisface un hueco que sentimos tanto a nivel personal (autorrealización racional) y social (realización social y ciudadana).

No tardaron mucho en invitarme a su programa de radio en la emisora Radio Segura. Se llama Itaka y realizan entrevistas a personas relacionadas con la cultura. Durante hora y media Ekaitz me sometió a una serie de preguntas, muchas de las cuales fueron verdaderamente filosóficas y versaron sobre la vida y la muerte, la filosofía y el pensamiento... Es decir, fue una entrevista donde probé de mi propia medicina ante preguntas que, gozosamente, me obligaban a reflexionar, a dudar y me abrían nuevas puertas y posibilidades de pensamiento. Y todo ello, con pausas regadas con música sugerente, sin espacios para la publicidad y algo que me pareció increíble hoy en día en un medio de comunicación: ¡SIN PRISA!, dejando que el pensamiento y los silencios fluyeran a la velocidad que una mente humana ordinaria necesita para escuchar una pregunta, entenderla, buscar una respuesta, dudar, articular una proposición con sentido... Además, siempre tuve la sensación de contar con su complicidad. La complicidad de vernos mano a mano (o, mejor, palabra a palabra) envueltos en una conversación como buscadores de la verdad, como dos ulises en busca de nuestra itaka perdida.

Por si fuera poco, en los días posteriores Ekaitz envió una carta a varios medios de comunicación, en la que me felicitaba por llevar a cabo los cafés filosóficos y comentaba su experiencia en ellos. 

Así pues, gracias, Ekaitz, por tu invitación y por tu entrevista y gracias también por tu felicitación y por difundir la existencia de los cafés filosóficos en la prensa. 

Espero que sigamos buscando nuestra itaka. 

En este enlace se puede escuchar la entrevista y leer la carta, ambas cosas en euskara. Hay que bajar hasta la entrada con fecha 2018-08-23. 





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