jueves, 10 de enero de 2019

TRIBULACIONES DE UN HUELGUISTA INDECISO

Foto: Mertxe Peña
Hace una semanas inicié la lectura del libro "Justicia. ¿Hacemos lo que debemos?" del filósofo norteamericano Michael J. Sandel, donde hace una reflexión de algunos problemas morales y sociales actuales a la luz de distintos planteamientos éticos. Y, casualmente, hace una semana los sindicatos de la enseñanza concertada en la que trabajo, convocaron una huelga de cuatro días por motivos laborales. Debido a la duración inusual de la huelga y estimulado por la lectura de la obra citada, dudé sobre la postura que debía tomar, sobre cuál era la más justa y, por lo tanto, qué debía hacer. En un primer momento, dudé entre desvincularme (opción que existe) o vincularme a ella votando o absteniéndome. Al final, me abstuve en la votación. Sin embargo, me costó mucho decidirme debido a las tribulaciones que me asaltaron y que las expongo, para resumirlas, a modo de preguntas, para las cuales he atisbado muchas dudas y pocas certezas:


·                     ¿Tengo algún vínculo con mis compañeros de trabajo? ¿Quiero formar parte de un colectivo al que me une algo o voy por libre? 
·                     Si me desvinculo, ¿de qué me desvinculo: del resto de mis compañeros, de los sindicatos, de las reivindicaciones, de la convocatoria o de todo a la vez?
·                     Si me desvinculo, ¿estoy diciendo que yo estoy solo y me represento a mí mismo?
·                     Si yo estoy solo y me represento a mí mismo, ¿debería yo negociar personalmente mis condiciones de trabajo con mi empresa en nombre de mí mismo o debería formar otro colectivo a mi medida?
·                     Así pues, ¿qué modelo prefiero universalizar porque es más justo: estar vinculado a algún colectivo de alguna manera y negociar colectivamente o estar desvinculado de todo colectivo y proponer negociaciones individuales que, seguramente, van a dar lugar a condiciones de trabajo distintas?
·                     Y yendo un poco más allá: ¿debemos tener todos las mismas condiciones de trabajo o éstas deben ser distintas en función del valor y demanda que mis competencias profesionales tengan? ¿Debemos ganar en un mismo puesto de trabajo todos lo mismo?
·                     ¿Debo compararme con alguien para evaluar mis condiciones de trabajo? ¿Debo compararme con quien está mejor que yo, con quien está peor, conmigo mismo, o sea, con cómo estaba antes y con cómo estoy ahora, o debo compararme simplemente con las posibilidades reales del momento? ¿Y cómo sé cuáles son esas posibilidades reales?
·                     ¿Puede haber, incluso, condiciones personales que hagan muy difícil que ninguna condición laboral objetiva me satisfaga realmente?
·                     Y si me desvinculo y mis compañeros consiguen alguna mejora debido a la eficacia de la huelga y a lo que ellos han perdido, ¿no sería justo que yo me desvinculara del beneficio que voy a obtener gracias a su pérdida?
·                     ¿Les debería yo algo a ellos en caso de que yo ganara algo gracias a lo que ellos han perdido? ¿No sería justo que yo contribuyera con mi beneficio a paliar, al menos en parte, sus pérdidas?
.     ¿Tiene sentido que en una empresa se puedan desvincular de una convocatoria de huelga trabajadores que, en caso de que la huelga consiga un resultado, van a quedar vinculados a ese resultado?

Foto: Mertxe Peña
Llegados a este punto, descarté desvincularme por esta razón, pero había otras preguntas que me rondaban:
·                     ¿Qué está por encima: mi obligación y responsabilidad contraída con mi empresa y, sobre todo, con el alumnado (y padres) o el derecho de hacer huelga para conseguir unas mejoras?
·                     ¿Es justo utilizar al alumnado (y padres) como medio para conseguir un fin personal o colectivo?
·                     ¿Debo resarcirlos de alguna manera por el perjuicio ocasionado?

¡Uf! Al final, me encontré como el saltamontes de la foto superior, enredado en una mosquitera de dudas y preguntas, y decidí participar en la votación y abstenerme en la misma. Pese a todo, las tribulaciones continuaron:
·                     Si los trabajadores o sindicatos piensan sobre la patronal, más o menos, eso de que "tenéis dinero pero os lo queréis gastar en otra cosa y no en pagarnos más y mejorar nuestra situación"; y, a su vez, la patronal piensa, más o menos, eso de que "tenemos otras prioridades y, en realidad, lo que queréis es trabajar menos y ganar más", ¿nadie ha inventado una forma de gestión gracias a la cual sea posible, si no eliminar, disminuir esos prejuicios y desconfianzas?
·                     ¿Nadie ha "innovado" (perdón por la palabra) cómo generar confianza sin tener que recurrir exclusivamente al "confío en ti y te creo" o "no confío en ti ni te creo"?
.     Significan algo conceptos como "misión compartida" y "transparencia en la gestión" o son meros palabras vacías de contenido? 
·                     ¿Tengo algún vínculo con mi empresa que vaya más allá del mero contrato de trabajo? 
·                     ¿Tienen la patronal y los trabajadores algún interés común?

miércoles, 2 de enero de 2019

EL JUEVES 3 DE ENERO, CAFÉ FILOSÓFICO

Café filosófico del 27 de diciembre. Foto: Ana Telleria
En el café filosófico del pasado jueves 27 de diciembre Se propusieron tres temas:
  • ¿Qué nos depara el hoy? (que acabó siendo "¿Qué nos depara el futuro?")
  • ¿Qué es la muerte?
  • ¿Qué nos enseña más: la vida o la escuela?
Se eligió por votación el primero y se ofrecieron diversas respuestas en torno a las cuales reflexionamos. El mañana nos depara:
  • Un grave enfrentamiento ideológico entre la izquierda y la derecha.
  • Guerras por recursos básicos como el agua.
  • Crispación, entendida como una sociedad compuesta por gente descreída.
  • La destrucción medioambiental, tanto de la agricultura como de especies animales.
  • Una guerra entre el bien (la paz, la abundancia...) y el mal (la guerra, el hambre).
Tras este panorama un tanto apocalíptico, también se expresaron ideas más optimistas:
  • Una mayor igualdad entre hombres y mujeres.
  • La esperanza de que un grupo minoritario de personas encabece un despertar y concienciación de la gente para que todo lo apuntado no ocurra.
Este último punto dio a pie a hablar sobre la esperanza, y si esta tenía algún fundamento o era una simple palabra hueca y vacía de contenido, más propia de un pensamiento desiderativo o voluntarista.

Café filosófico del 27 de diciembre. Foto: Ana Telleria
La sesión contó con algunos incondicionales (Mikel, Pili, Lourdes) a los que agradezco su constancia y paciencia, y con otros nuevos asistentes, a los que también agradezco su valentía. A algunos de estos últimos les chocó la metodología un tanto exigente del diálogo, con requisitos como pedir el turno para hablar y esperar a que se lo den (y controlar la ansiedad de hablar), responder a la pregunta y atenerse a ella, resumir en una frase de doce palabras lo expresado en cien o doscientas, poner ejemplos concretos de conceptos abstractos, expresar en un concepto determinada idea, fundamentar y argumentar las ideas, hacerse consciente de posibles contradicciones, reformular lo dicho por otra persona... En fin, requisitos necesarios para que la sesión discurra por los cauces filosóficos con el objetivo de aprender a pensar de manera crítica y autocrítica y depurar el pensameinto. De esta manera evitamos que el diálogo sea una simple tertulia o debate. Gracias también a Ana Telleria, quien, además de participar en el café, hizo las fotos.

El jueves 3 de enero, habrá también café filosófico. A las 18:30 en el salón de actos de la casa de cultura de Zumarraga.

miércoles, 26 de diciembre de 2018

CAFÉS FILOSÓFICOS LOS JUEVES 27 DE DICIEMBRE Y 3 DE ENERO:

·        ¿Te apetece pensar y dialogar en grupo con libertad y con rigor?
·  ¿Quieres reflexionar sobre tus propias ideas para entenderte y entender mejor a los demás?
·  ¿Quieres desarrollar tu pensamiento crítico?
·  ¿Te gusta profundizar sobre temas actuales o intemporales?

Te invitamos a hacerlo en los cafés filosóficos de invierno:

Jueves 27 de diciembre de 2018 y jueves 3 de enero de 2019
LUGAR: Sala de Actos de la Casa de Cultura Zelai Aristi
HORA: 18:30
IDIOMA: español
MODERADOR: Pello Biain


En cada sesión se propondrán varios y temas y se elegirá uno por votación.

miércoles, 7 de noviembre de 2018

¿CUÁL ES TU TEMA TABÚ?

Fotografía: Carlos Mediavilla Arandigoyen
En uno de los cafés filosóficos del pasado verano en Benavente los participantes eligieron el tema de la religión a través de la pregunta "¿Cuál es el fin de la religión?" Normalmente, una vez planteada la pregunta, suele haber dos opciones. La primera es problematizar la pregunta y la segunda es responder a la pregunta con un argumento.

Pues bien, ese día, antes de que nadie hiciera ninguna de las dos cosas pasó algo muy curioso e interesante. Una participante mostró su preocupación debido a que algunos asistentes podían sentirse ofendidos. Interpreté que lo decía por la posibilidad de que entre la gente hubiera creyentes y que estos se molestaran por las opiniones contrarias a la religión que se pudieran decir. Yo le hice notar que la filosofía no tiene ningún límite en cuanto a temas o ideas. Ninguno. El carácter crítico de la filosofía consiste en que se puede cuestionar cualquier cosa, siempre y cuando se argumente racionalmente (incluso alguien podría atreverse a cuestionar la necesidad de argumentar racionalmente, para lo cual, paradójicamente, tendría que argumentar racionalmente). Luego, por supuesto, cada cual es muy libre de molestarse o no por lo que oye, ya que todos tenemos una serie de creencias y prejuicios. Ahora bien, la capacidad de pensar filosóficamente exige que esa molestia no te impida pensar y dialogar. Es posible que incluso te indigne escuchar determinadas ideas, pero esa emoción no puede sustituir a un argumento, ni te da ninguna superioridad sobre quien no piensa como tú. O sea, en filosofía las emociones no valen nada. O te las guardas o averiguas qué ideas subyacen a esa emoción y las argumentas. Así que, quien crea que se va a molestar en un café filosófico, pues que no vaya y se lo haga mirar, pero no puede pretender que no digamos determinadas cosas. El nacimiento de la filosofía consistió, precisamente, cuando hubo gente que empezó a desacralizar las creencias.

Fotografía: Carlos Mediavilla Arandigoyen
No obstante, la observación me pareció muy interesante, pues puso en evidencia que tenemos determinadas ideas muy enraizadas. Una especie de principios verdaderos, rígidos e incuestionables (iba a decir sagrados) que, en cuanto alguien osa ponerlos en duda todo mi yo comienza a tambalearse. Y digo "todo mi yo" porque he observado que el grado de identificación que tenemos con esas ideas es tal, que cuando alguien las cuestiona, en el fondo, está cuestionando mi identidad, me está cuestionando a mí. Algo así como si mi identidad estuviera constituida y apuntalada por esas ideas. Lo cual explica también por qué me aferro tanto a ellas, puesto que, si yo llegara a cuestionarme y abandonar esas ideas, yo ya no seguiría siendo yo. Y, entonces, ¿yo quién sería? Esta pregunta (muchas veces intuida inconscientemente) puede provocar vértigo y una sensación de derrumbe y de consiguiente vacío interno, en muchos casos insoportable.

Fotografía: Carlos Mediavilla Arandigoyen
Pero, puestos a buscar una utilidad a la emoción, os propongo una: es la mejor manera de detectar esos principios verdaderos e incuestionables. En ese sentido, la emoción no engaña. Si yo estoy escuchando algo y noto cómo se va despertando en mí una determinada emoción (enfado, enojo...) acompañada incluso de efectos corporales (temblor, acaloramiento, tensión, sudor...) es la señal inequívoca de que esa persona está socavando uno de los pilares en que baso mi identidad y, en consecuencia, la percibo como un peligro.

Recuerdo a un participante que permanecía callado en los cafés. Al final de uno de ellos le pregunté por qué no hablaba y su respuesta fue la siguientes. "¿Tú sabes el esfuerzo que tengo que hacer solo para escuchar sin alterarme y para intentar comprender cómo puede pensar alguien de otra manera? Ese esfuerzo me deja sin fuerzas para hablar".

Así pues: ¿cuál es tu tema tabú? ¿Con qué tipo de ideas te alteras? ¿Qué ideas o creencias subyacen a esas emociones? ¿Con qué asuntos están relacionadas? ¿Cuál es tu grado de identificación con ellas? ¿Te cuesta mucho aceptar que la creencia o idea contraria pueda ser también razonable? ¿Por qué?

Nota: las estupendas y sugerentes fotos de Carlos Mediavilla Arandigoyen forman parte de una colección mayor que la podéis ver aquí.

viernes, 5 de octubre de 2018

COMO DOS ULISES EN BUSCA DE NUESTRA ITACA PERDIDA

En uno de los cafés filosóficos de julio contamos con la presencia de Ekaitz Goikoetxea y su padre Joxe. A este último no lo conocía y de Ekaitz tenía algunas pinceladas: le había visto recitar en alguna ocasión algún poema junto a su hermana, conocía también su faceta de bertsolari y había leído en la prensa que había ganado algún concurso de aforismos.

Ekaitz Goikoetxea a mi izquierda en un cafe filosófico de julio. Foto; Mertxe Peña.
Desde un principio percibí en ellos un gran interés por los cafés filosóficos y una mezcla de sorpresa y admiración por el hecho de que yo les ofreciera la oportunidad de dialogar junto a otras personas de asuntos vitales desde un enfoque filosófico. No son los únicos, pues voy encontrando este tipo de personas, entre las que me incluyo, para las cuales el hecho de dialogar y argumentar en grupo supone una especie de acontecimiento extraordinario que satisface un hueco que sentimos tanto a nivel personal (autorrealización racional) y social (realización social y ciudadana).

No tardaron mucho en invitarme a su programa de radio en la emisora Radio Segura. Se llama Itaka y realizan entrevistas a personas relacionadas con la cultura. Durante hora y media Ekaitz me sometió a una serie de preguntas, muchas de las cuales fueron verdaderamente filosóficas y versaron sobre la vida y la muerte, la filosofía y el pensamiento... Es decir, fue una entrevista donde probé de mi propia medicina ante preguntas que, gozosamente, me obligaban a reflexionar, a dudar y me abrían nuevas puertas y posibilidades de pensamiento. Y todo ello, con pausas regadas con música sugerente, sin espacios para la publicidad y algo que me pareció increíble hoy en día en un medio de comunicación: ¡SIN PRISA!, dejando que el pensamiento y los silencios fluyeran a la velocidad que una mente humana ordinaria necesita para escuchar una pregunta, entenderla, buscar una respuesta, dudar, articular una proposición con sentido... Además, siempre tuve la sensación de contar con su complicidad. La complicidad de vernos mano a mano (o, mejor, palabra a palabra) envueltos en una conversación como buscadores de la verdad, como dos ulises en busca de nuestra itaka perdida.

Por si fuera poco, en los días posteriores Ekaitz envió una carta a varios medios de comunicación, en la que me felicitaba por llevar a cabo los cafés filosóficos y comentaba su experiencia en ellos. 

Así pues, gracias, Ekaitz, por tu invitación y por tu entrevista y gracias también por tu felicitación y por difundir la existencia de los cafés filosóficos en la prensa. 

Espero que sigamos buscando nuestra itaka. 

En este enlace se puede escuchar la entrevista y leer la carta, ambas cosas en euskara. Hay que bajar hasta la entrada con fecha 2018-08-23. 





viernes, 14 de septiembre de 2018

BENAVENTE: EL BIENESTAR SOCIAL Y LA FILOSOFÍA

Café filosófico de Benavente, 3 de agosto de 2018 (Foto: Mertxe Peña)
Tercer verano filosófico en Benavente desde que hace tres años comenzamos organizar sesiones de filosofía para niños y cafés filosóficos. Y todo gracias a los participantes que se han acercado hasta los cafés y a Antonio Vega, concejal de Educación y Bienestar Social, quien, otro año más, ha acogido con entusiasmo y generosidad la iniciativa. Por cierto, no sabéis cómo me gusta que los diálogos filosóficos, por lo menos en Benavente, entren dentro del ámbito del "Bienestar Social". Porque realmente la filosofía no nació en el ámbito académico, sino como una actividad crítica y reflexiva (y callejera) para buscar, al margen de cómo entienda cada uno la vida virtuosa y feliz, lo que puede haber de universal en esa búsqueda, una sabiduría orientadora de ese bienestar, tanto individual como colectivo. Pero lo que he comprobado después de unos cuantos cafés filosóficos, es que el mero hecho de reflexionar y dialogar con profundidad y rigor sobre temas que nos interesan o inquietan produce bienestar, porque responde a la necesidad humana de convivir racionalmente y, por lo tanto, ir más allá de una mera coexistencia superficial que evita, precisamente, profundizar en los asuntos básicos sobre los que construimos nuestra convivencia. Yo suelo notar al final de las sesiones una cierta satisfacción moral, como si los participantes, pese a las dificultades y el esfuerzo que conlleva participar en un café filosófico, tuvieran la sensación de haber cumplido un deber personal (mi autorrealización como ser racional) y un deber social (comprometerme con mis conciudadanos en la búsqueda de un consenso razonable sobre temas que nos atañen).

Café filosófico, Benavente, 24 de agosto de 2018 (Foto: Mertxe Peña)
Este años hicimos las sesiones en la casa de Solita (Casa de Solita) y contamos con aire acondicionado, agua y hasta un café con hielo la tarde que la sesión coincidió con la Feria del Libro de Benavente (Feria del Libro).Fijaos en la preciosa puerta y entrada de la foto. ¡Ah, Lourdes, muchas gracias por enseñarnos la casa.

Una de las cosas que me sorprendió de las sesiones del 27 de julio y del 3, 17 y 24 de agosto fue el interés, la inquietud y curiosidad de los participantes. Lo digo porque, cuando vamos a elegir el tema del diálogo, dejo un tiempo para que la gente vaya haciendo propuestas. Pues bien, mirad la cantidad y calidad de las preguntas que se propusieron en las cuatro sesiones. Las cuatro últimas son las que se eligieron en cada una de las sesiones. Además, mucha gente me suele preguntar de qué hablamos en "esas reuniones". Pues fijaos:


¿Qué el ser humano?
¿Qué puedo decir? (¿Hasta dónde llega la libertad de expresión)?
¿Puede una persona ser más que otra?
¿Deberíamos aceptar a todas las personas en igualdad de condiciones?
¿Están legitimadas las masas ignorantes para contrariar las decisiones de los expertos formados?
¿Es justa la sentencia a Juana Rivas?
¿Cómo adaptarnos a la nueva sociedad?
¿Por qué en el siglo XX la sociedad sigue siendo tan machista?
¿Hay algún caso en que la muerte sea justa?
¿Cómo estimular a las personas para que piensen?
¿Por qué el hombre necesita creer en determinadas ideologías?
¿Por qué se fomenta al materialismo en detrimento del espiritualismo?
¿Por qué la filosofía no tiene certezas?
¿Por qué humanizamos a las mascotas?
¿Por qué tenemos un yo tan grande y un nosotros tan pequeño?
¿Hacia dónde van las pensiones?
¿Es importante aprender a gestionar las emociones?
¿Por qué tendemos a tomar como verdad absoluta lo que creemos?
¿Por qué nos cuesta tanto incluir en la sociedad a personas con discapacidad?
¿Es bueno gestionar las emociones?
¿Qué aporta a la persona la dimensión espiritual?
¿Qué es la felicidad?
¿Tiene la cultura el mismo valor hoy que antes?

Preguntas elegidas:
¿Para qué educamos?
¿Somos libres los seres humanos? 
¿Cuál es el fin de la religión?
¿Caminamos hacia una sociedad cada vez más superficial?

Tengo que confesar que me sorprendió gratamente la inquietud filosófica que he encontrado en Benavente a través de todas estas preguntas. Preguntas tan diversas pero que constituyen la materia prima de la filosofía y las puertas de entrada al pensamiento y al diálogo profundo. 

(Continuará)



viernes, 20 de julio de 2018

CAFÉS FILOSÓFICOS: LO MEJOR Y LO PEOR

Fotografía: Mertxe Peña
Lo peor, el calor. He llegado a asarme en ese mismo local en invierno debido al calor que desprendían los radiadores de la calefacción y nos hemos asado también en julio debido igualmente al calor húmedo que padecemos aquí y que va aumentando con la conversación. Una pena que la Casa de Cultura no cuente con algún aula o local refrigerado para poder pensar y conversar sin sudar.

Lo mejor, la actitud de los participantes. Exceptuando una persona que el último miércoles salió decepcionada porque vino con unas expectativas distintas, el resto de participantes han valorado que exista un foro presencial donde quien quiera pueda acudir a pensar y dialogar con cierto rigor sobre temas de diversa índole personal o social. Eso es lo que yo ya había detectado: que hay un sector de la ciudadanía, con una actitud crítica e inconformista y que se ha ido desengañando de los foros de las redes sociales, que necesita espacios donde practicar la filosofía, el sentido crítico y el librepensamiento, algo esencial para vivir personalmente con cierta dignidad y percibir la democracia como un espacio de compromiso y una experiencia comunicativa entre ciudadanos que quieren pensar por sí mismos.


Por eso, el café filosófico no es un lugar donde el filósofo hable y diga a la gente allí reunida qué debe pensar o cómo debe vivir. Bastante bombardeados estamos ya de, como diría Kant, tutores que nos dicen cómo hacer absolutamente todo. La filosofía, en cambio, solo pretende que te emancipes, que te hagas cargo de ti mismo, que te apropies de tu capacidad de pensar y que lo hagas con conciencia y con rigor. Y que contrastes tus ideas con las de otros. Por eso me gusta cuando alguna participante echa en falta algo de discordia y desacuerdo. Claro, un café filosófico no es un lugar donde decir amén a lo que dicen los demás en medio de beatíficas miradas, sino un lugar donde vas a a contrariarte con lo que dicen los demás, donde vas a contradecirte, a dudar de tus ideas y a marcharte pensativa porque algo que tú creías cierto, ya no lo es tanto. Pero estamos tan cómodamente instalados en lugares comunes y políticamente correctos... 

El lema de la filosofía es tan sencillo y complejo a la vez: piensa, piensa, piensa. Sencillo porque todo el mundo piensa y complejo porque no todo el mundo piensa de manera filosófica, es decir, de manera eficaz, ordenada, lenta, metódica y rigurosa. Pues eso es lo que pretendemos hacer en los cafés filosóficos.

Fotografía: Mertxe Peña
Como es habitual, en los cafés de julio se propusieron distintos temas y se eligió por votación cuál tratar. Por una parte abordamos la pregunta de si debemos comprometernos de alguna manera con nuestra sociedad. El acuerdo fue bastante unánime: sí, debemos comprometernos y el compromiso consiste en asumir la responsabilidad de mejorar la sociedad, lo cual puede llegar suponer, como dijo alguien, dar un sentido a la vida. Sin embargo, fue curiosa la idea a la que llegamos de que se puede mejorar la sociedad cambiando aspectos de ella o conservando otros. Hubiera sido interesante profundizar en qué cosas hay que cambiar y cuáles hay que conservar.

También abordamos la cuestión de si es posible llegar a aceptar la propia muerte. Aunque también hubo bastante acuerdo, trabajamos con varios conceptos: aceptación y su diferencia con "onartu", la resignación, la necesidad de eliminar la disyunción entre ambas posturas y hablar de momentos de negación, resignación y de aceptación y serenidad ante una experiencia tan única, tan intransferible y tan necesaria.

Solo me queda agradecer a todos los asistentes que en junio y julio se han acercado a algún café filosófico y que, en total, habrán sido unos 25. Teniendo en cuenta que cuando el año pasado me propuse llevar a cabo la iniciativa, contemplaba la posibilidad de que no se hiciera debido a que no fuera nadie o casi nadie, me parece todo un éxito. Así pues, gracias a Marisa A., Lurdes, Luis, Maite, Jaione, Conchi, Pello E., Marisa L. Mikel, Javier M., Alberto, Bea, Carmen, Pili A., Pili B., Igarki, Sorkun, Blanqui, Ekaitz, Joxe, Gorka, Koldo, Javier… y creo que me dejo a alguien.
Gracias especiales a Mertxe, mi mujer, por participar y, además, hacer las fotos de las sesiones.


Fotografía: Mertxe Peña

martes, 17 de julio de 2018

HOY, ÚLTIMO CAFÉ FILOSÓFICO

Hoy a las 19:00 horas y en la Casa de Cultura de Zumarraga llevaremos a cabo el último café filosófico del verano en torno a uno de estos temas u otros que se propongan:

- ¿Queremos seguir siendo los hombres y mujeres diferentes en algo?
- ¿En qué consiste la buena educación? 
- ¿Es posible aceptar la muerte propia o la ajena?
- ¿Son el capitalismo y la globalización la esperanza o la amenaza para el futuro?

   








domingo, 1 de julio de 2018

¿QUIÉN SOY YO?

El primer café filosófico lo iniciamos a partir de una experiencia común: por una parte, experimentamos que vamos cambiando y, a la vez, que hay algo que no cambia, una entidad que se mantiene idéntica, un yo que permanece invariable pese a los cambios. Pues bien, ¿en qué consiste ese yo que parece que se mantiene idéntico e invariable pese a todos los cambios que vamos experimentando a lo largo de la vida?

Inmediatamente alguien propuso una vía negativa para definir quién soy yo: no sabemos ni podemos saber quiénes somos pero sí sabemos, en cambio, quiénes o qué no somos. Sin embargo, esta vía presentó alguna dificultad de comprensión y no tuvo más recorrido, aunque sería interesante retomarla.

Otros dos conceptos utilizados para aproximarnos al yo fueron los de “conciencia” y “memoria” , es decir, el yo sería una conciencia que se recuerda a sí misma, un yo que recuerda que es el mismo yo quien sufre los cambios. Pero al asociar la identidad con la memoria, surgió el problema de la pérdida de la memoria y, en consecuencia, de la pérdida de la identidad. Si la identidad consiste en un yo que recuerda que es un yo, y si el yo deja de recordar que es un yo, pierde su identidad. Esta idea, sin embargo, resultó incómoda: ¿cómo va a depender mi identidad de que yo recuerde o no que yo soy yo? Yo sigo siendo yo aunque no recuerde que soy yo. Y también resultó difícil de asimilar al concretarse el problema con las personas con Alzheimer. ¿Tiene identidad (al margen de su nombre e identidad “oficial”) una persona que ni siquiera recuerda quién es? ¿Tiene la conciencia algún recóndito mecanismo que siga dando a esa persona un sentido de sí misma aunque pierda el recuerdo de quién es?

Ante esta cuestión apareció otra dimensión de la identidad, una dimensión que remarca el carácter social del ser humano: yo no soy solo yo porque sea un yo para mí (conciencia y memoria), sino que soy un yo porque soy un yo para los demás. Mi identidad me la otorgan los demás. Aunque haya perdido mi identidad para mí, sigo siendo un yo para quien me reconoce como tal, e incluso, como se añadiría más tarde, para quien me recuerde como tal una vez muerto.

Pero ¿cuándo empiezo yo a ser yo y cuándo dejo de serlo? Aquí también se abrieron varias posibilidades. 1) Mi identidad empieza con mi nacimiento (¿o concepción?) y termina con mi muerte. 2) Mi identidad  empieza con mi nacimiento y no termina con mi muerte, pues mi identidad perdura a la muerte del cuerpo. 3) Mi identidad preexiste a mi nacimiento y “postexiste” tras mi muerte, pues hay una consciencia superior que de alguna manera la contiene.

Aparecido el término “consciencia”, se intentó diferenciarlo del término “conciencia”, lo cual nos llevó a la cuestión de si los animales y las plantas también tienen conciencia. Salimos del problema sin acuerdo y trayendo a colación las tres almas aristotélicas.

Tras los dos primeros cafés, una participante planteó en el tercer café una cuestión para ella inquietante por su propia experiencia: por qué no podemos convertir con palabras lo que queremos decir. Hubo varias hipótesis para explicar este fenómeno. Una causa psicológica o educacional, es decir, un impedimento en la niñez para poder expresarnos abiertamente que provoca una especie de bloqueo a la hora de expresarnos. Una causa lingüística, o sea, no dominar el lenguaje. Y una tercera causa más metafísica: no podemos decir con palabras algunas cosas porque las palabras intentan referirse a cosas que no se pueden decir con palabras, pues hay una realidad que no se deja “decir”.

Tras esa indagación, se cambió drásticamente de tema y otra participante expuso su preocupación por la inmigración.  Salió el tema de la diversidad cultural como un factor que dificulta la convivencia, también apareció el miedo a “lo de fuera”, a que vengan muchos inmigrantes y nos cambien. Hasta que una participante mostró su sorpresa ante la forma en que los inmigrantes defienden y mantienen “lo suyo”. Ahora bien, pregunté yo, ¿qué es lo suyo? ¿Es solo otra forma de vestir, otras creencias, otra lengua… o es algo más? Y caímos en la cuenta de que ese algo más se trata (¿adivinas?) de la identidad, entendida ahora como todo aquello que nos identifica y con lo que nos identificamos. Y, paradójicamente, tanto ellos que vienen, como nosotros que estamos aquí, participamos del mismo miedo (por algo somos semejantes aun siendo distintos): el miedo a perder nuestra identidad, ese yo que hace que yo sea yo. Algunos de esos factores citados fueron también: la comunidad (pueblo, nación…) la lengua y cultura, las creencias religiosas o ideológicas, el cuerpo, la profesión, los hechos y acciones, la familia, los genes…

Una vez que salió el tema de la cultura y de la diversidad cultural, se planteó el binomio naturaleza-cultura en el ser humano y el hecho de si la cultura, en general, aporta, además de identidad, dignidad a la persona, lo cual nos llevó a diferenciar las culturas…

Como podéis ver, el asunto de la identidad dio mucho de sí, está más presente de lo que uno cree y dejó entrever otros muchos asuntos que se aparcaron.

Os doy las gracias a quienes participasteis en estos tres primeros cafés filosóficos: Marisa A., Lurdes, Luis, Maite, Jaione, Conchi, Pello E., Marisa, Mikel, Javi, Alberto, Bea, Carmen… (espero no dejarme a nadie). 

Y os invito a continuar los miércoles 4, 11 y 18 de julio en el mismo sitio, pero de 19:00 a 20:30. Los temas serán los siguientes:

-¿Queremos seguir siendo hombres y mujeres diferentes en algo?
-¿En qué consiste la buena educación?
-¿Debemos comprometernos de alguna manera con la sociedad?
-¿Es posible aceptar nuestra muerte?

¡Y prometo acordarme de sacar alguna foto!

martes, 26 de junio de 2018

ALGUNAS EXPERIENCIAS FILOSÓFICAS

Fotografía: Mertxe Peña
Interesantes e intensos los cafés filosóficos del 8, 15 y 22 de junio. Los dos primeros (y sin quererlo el tercero también) giraron en torno a la identidad: ¿Quién soy yo?¿En qué consiste mi identidad? ¿Hay un yo que se mantiene idéntico pese a los cambios  o no existe tal yo y solo somos un conjunto de transformaciones?

Antes de hablar sobre el contenido de las sesiones, me gustaría compartir algunas experiencias que vivimos esos días.

Experiencia 1. Algunos participantes que vinieron con miedo por el adjetivo “filosófico” se convencieron de que es posible pensar filosóficamente sin tener ni idea de filosofía. 

Experiencia 2. Fue el primer día y la primera intervención: alguien habla, alguien no entiende a quien ha hablado, éste se lo vuelve a explicar, la otra persona sigue sin entender. Es decir, ¿por qué cuando yo creo que hablo claro alguien no me entiende? En el tercer café volvimos a esta cuestión e indagamos en ella. Por eso hago hincapié en la lentitud, la escucha y la reformulación como formas de asegurar que nos vamos entendiendo.

Experiencia 3. Una nueva participante subrayó la grata experiencia de haber encontrado un lugar donde poder explicarse sobre un tema que se elude en la vida cotidiana pero que nos atañe tanto como es la pregunta por uno mismo. Este es, precisamente, uno de los objetivos de los cafés: ofrecer esa posibilidad. Somos seres pensantes y seres lingüísticos que necesitamos, claro que sí, explicarnos.

Experiencia 4. Apareció, cómo no, otra vez, la relación entre el pensamiento y el lenguaje debido, por una parte, a la dificultad de encontrar las palabras adecuadas para articular nuestros pensamientos y, por otra, a la dificultad de definir las palabras que utilizamos habitualmente y establecer diferencias con otras palabras. Así ocurrió con términos como “conciencia” y “consciencia”, “identidad” y personalidad”, “cultura”,“dignidad”, etc.
Fotografía: Mertxe Peña

Experiencia 5. Curiosa ha sido también la experiencia de topar con lo inefable, es decir, de no poder convertir en palabras determinadas intuiciones o ideas por considerar que se refieren a una realidad que está más allá de lo expresable. Es lo que Wittgenstein llamaba el ámbito de “lo místico”, sobre el cual recomendaba, por cierto, guardar silencio.

Experiencia 6. Pensar filosóficamente requiere aprender a hacerse responsable de lo que uno piensa y dice y, sobre todo, de sus implicaciones. Nuestras ideas no están aisladas en nuestra mente, están conectadas entre sí y, por lo tanto, es posible que caigamos en contradicciones, que digamos una cosa que no es coherente con otra. Estas contradicciones son inevitables y necesarias para aprender a pensar con rigor y con sentido autocrítico. No recuerdo quién dijo que solo las bestias y los dioses no pueden ser “filósofos”, es decir, amantes de la sabiduría: las unas porque no pueden acceder a ella, los otros porque ya la tienen. Solo es el hombre está en medio, entre la ignorancia y la sabiduría. Basta con empezar a pensar para caer en contradicciones. Lo inteligente (y lo sano desde un punto de vista mental) es aprender a detectarlas, aceptarlas y superarlas.

Experiencia 7. Otra nueva participante, al no conocer el carácter lento del diálogo filosófico, experimentó algo habitual en nuestra cultura debido a nuestro estilo “acelerado” de vida: que no avanzábamos. Pero en los cafés filosóficos no pretendemos llegar a ningún sitio concreto. Es una exploración en torno a las ideas que manejamos. Por supuesto, casi siempre alguien llega, siguiendo con el símil de la exploración, a algún claro,  a alguna una idea que, por alguna razón relacionada con su experiencia o situación, es especialmente significativa y clarificadora, pero como un lugar de paso al que se llega sin querer.

Fotografía: Mertxe Peña
Experiencia 8. Alguien dijo que, en lugar de salir con respuestas, salía de la sesión con más preguntas. Y otro añadía que había entrado con unas ideas muy claras sobre el tema y que al poco tiempo se le habían desmoronado como un castillo de cartas. Es así: la filosofía nos aporta muy pocas certidumbres y muchas preguntas, pero sí nos ayuda a entender mejor las preguntas que nos hacemos y, sobre todo, a entendernos mejor a nosotros mismos en relación con las inquietudes filosóficas que, más consciente o inconscientemente, todos tenemos.

Experiencia 9. Otro participante más veterano puso de relieve que en los cafés había pensado en cosas que no había pensado nunca. ¡Claro! La filosofía nos lleva a territorios ignotos, sorprendentes, impensables, que ni sospechábamos que existían, incluso vertiginosos, pues en ocasiones visitamos sus  límites. Todo amante de la filosofía es un aventurero que tiene la valentía de salir del modelo mental en el que vive. No en vano Kant formuló la actitud filosófica como un “atreverse” a pensar por uno mismo, pues era consciente de que la tendencia mayoritaria era (y sigue siendo) la contraria, la de no salir de mis propias ideas para no sentir miedo o inseguridad.

Ni qué decir que a mí me satisface mucho escuchar estas experiencias cuando al final de cada sesión les pido a los participantes que hagan una valoración de la misma.

Así pues, ¡bienvenidos a la filosofía!

Otro día hablaré de las ideas que surgieron en torno a la identidad.


viernes, 1 de junio de 2018

CAFÉS FILOSÓFICOS DE VERANO


   - ¿Te apetece pensar y dialogar en grupo con libertad y cierto rigor?

 - ¿Quieres reflexionar sobre tus propias ideas para entenderte y entender mejor a los demás?

- ¿Quieres desarrollar tu pensamiento crítico?

- ¿Te gusta profundizar sobre temas actuales o intemporales?

Te invitamos a hacerlo en los cafés filosóficos de verano:

- Viernes 8, 15 y 22 de junio y miércoles 4, 11 y 18 de julio
- De 18:00 a 19:30
- Salón de Actos de la Casa de Cultura de Zumarraga

En cada sesión se podrán proponer distintos temas o preguntas o, en caso contrario, elegir uno de los siguientes: 


- ¿Quién soy yo? ¿En qué consiste mi identidad?
- ¿Es posible ser apolítico? ¿Vamos hacia una sociedad despolitizada?
- ¿Ha vencido la funcionalidad a la belleza?
- ¿Queremos seguir siendo los hombres y mujeres diferentes en algo?
- Vascos: ¿tiene remedio lo nuestro?
- ¿”Otro mundo es posible” o es solo una frase bonita?
- ¿Qué está pasando en la educación de niños y jóvenes?
- Tecnología: ¿más liberados o más dominados?
- ¿Ha muerto Dios o solo está dormido?
- ¿Para qué trabajamos?
- ¿Es posible aceptar la muerte propia o la ajena?
- Capitalismo y globalización: ¿esperanza o amenaza?
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