domingo, 8 de septiembre de 2019

VERANO FILOSÓFICO EN BENAVENTE: ALGUNAS RESPUESTAS

Dejo un sucinto resumen de los cuatro cafés filosóficos de Benavente 2019.
Café filosófico en Benavente, 7 de agosto de 2019

¿SOMOS NOSOTROS LOS CULPABLES DE TODO LO QUE ESTÁ PASANDO?


Esta pregunta suscitó dudas por ser demasiado abstracta. Recurrimos a preguntar a quien la había formulado, la volvió a reformular de la siguiente manera: ¿Somos nosotros los culpables de de la situación política que estamos viviendo? La mayoría de las respuestas apuntaron al sí por varias razones:
  • Porque somos nosotros quienes elegimos a los políticos.
  • Porque entre los políticos se ha producido una pérdida de valores, de respeto y de educación.
  • Por ignorancia y desidia, ya que la mayoría de los ciudadanos no se preocupa por averiguar a quién vota realmente y, aunque lo sepa, sigue votando a los mismos políticos.
  • Hubo alguien que respondió que no somos culpables, alegando que votar no puede ser motivo de culpabilidad, pues es una obligación ciudadana. 
  • Y también quien culpabilizó a determinados poderes económicos (la Banca) que manipulan a los políticos.

Quedó patente en esta sesión la preocupación ciudadana por una democracia que empieza a mostrar fallos en su funcionamiento, como si no hubiéramos aprendido nada desde que Platón nos alertara hace ya 2500 años contra algunos peligros de la democracia como la corrupción y la demagogia.

¿TENEMOS DOBLE PERSONALIDAD?

"Doble personalidad". Piscina fluvial de Santa Croya de Tera, Zamora
La mayoría de los participantes defendió el sí:
  • Una personalidad está conformada por lo que realmente somos cuando estamos a solas y somos honestos con nosotros mismos. La otra personalidad es la imagen que construimos para adaptarnos a las circunstancias, a los convencionalismos sociales y a lo políticamente correcto.
  • Otra repuesta justificó la doble personalidad en la necesidad de adaptación al grupo que tenemos, lo cual hace que tengamos, no ya doble personalidad, sino múltiples personalidades.
  • La opinión discordante aducía que no tenemos doble personalidad, sino una personalidad, y lo que hacemos luego es mentir a los demás y mostrarles lo que no somos por una necesidad no tanto de de adaptación, sino de aceptación por parte de los demás.
  • Tal y como suele ocurrir, hubo problemas con el término "personalidad" y con las distintas acepciones con que era utilizado, distinguiéndolo de otros como "carácter", "temperamento", "estado de ánimo"..., así como la influencia de la genética y la educación en su conformación.

Es curioso cómo funcionamos habitualmente con nuestra(s) personalidad(es) y, a la vez, seguimos siendo un misterio para nosotros mismos, hasta qué punto nos "desconocemos".

¿CÓMO TE ENFRENTARÍAS ANTE LA MUERTE DE UNA PERSONA?

Café filosófico en Benavente, 14 de agosto de 2019
El tema de la muerte siempre anda rondando de una manera u otra. Es un tema "estrella", no en vano es el mayor acontecimiento que viviremos cada uno de nosotros en el que se dirimirá nuestro último destino.
La mayoría de las respuestas fueron sabias, en el sentido de recoger toda una tradición filosófica representada sobre todo por el estoicismo: la aceptación de la muerte propia y ajena. Otra cosa es qué significa e implica esa aceptación en la vida diaria y si en el momento decisivo de vernos frente a frente con ella, seguiremos la teoría que tenemos tan bien aprendida, o seremos presa de la ansiedad ante la incertidumbre que conlleva morir o del miedo abismal ante la posible desaparición definitiva.
He aquí algunas respuestas. Me enfrentaría a la muerte:
  • Aceptando la pérdida y la ausencia de la persona, intentando suplir o llenar el vacío dejado por ella.
  • Ante un caso real vivido, aceptando el deterioro de la persona y su pérdida y haciendo lo que se pueda en las circunstancias, sabiendo que hay que pasar por distintas fases.
  • Olvidando la muerte, no dándole demasiado importancia, pues es algo que puede pasar en cualquier momento.
  • Sin tragedia, aceptando la muerte como una parte necesaria de la vida.
  • Hubo quien defendió que cuando la muerte es algo que ocurre a muchas personas por diversas causas en ciudades grandes, uno llega a habituarse a ella y se enfrenta de una manera, mientras que en un lugares poco poblados ocurre lo contrario.
  • Del hecho de habituarse a la muerte saltamos a la guerra, donde morir y matar se "normaliza". Hubo quien defendía que en una guerra se produce un cambio en los principios morales: lo que en época de paz está mal (matar), en época de guerra está bien. Contra esta opinión se alzó otra: en la guerra no se produce un cambio en los principios morales: matar sigue estando mal, lo que ocurre es que llegamos a realizar acciones en contra de nuestra propia conciencia moral, pero no hay un cambio de principios: sabes que matar está mal, pero lo haces. Ambas opiniones nos llevaron a otro tema recurrente: ¿el bien y el mal son subjetivos u objetivos?

¿ES EL MODELO DE VIDA ACTUAL SOSTENIBLE?

En un principio, las respuestas apuntaron al no. Las razones:
  • Por una degradación de los valores morales con la pérdida, sobre todo, del respeto.
  • Por una utilización abusiva y expoliadora de los recursos naturales.
  • Por un sistema capitalista que produce una tecnología que facilita la conexión entre las personas pero que, paradójicamente, esa conectividad no refuerza los vínculos sociales en pos de un compromiso por un futuro mejor, sino que produce un individualismo que aísla a las personas y las desvincula de sus sociedad, provocando indiferencia ante los problemas. Además de indiferencia, hubo quien pensaba que todo ello provocaba una pérdida de valores, que fue otro de los temas propuestos pero no elegido.
  • La respuesta afirmativa se defendía alegando su confianza en que el ser humano, antes de que nos aboquemos al desastre irreversible, será capaz de crear nuevas alternativas y tecnologías que resuelvan los problemas actuales.


domingo, 1 de septiembre de 2019

VERANO FILOSÓFICO EN BENAVENTE: LAS PREGUNTAS

Participantes del café filosófico del 21 de agosto en Benavnete.
Aunque es una provincia con sus problemas (despoblación, falta de iniciativas empresariales que retengan a los jóvenes, envejecimiento...) Zamora y sus pueblos es un hervidero de gente en verano, pues muchas personas que emigraron de su tierra vuelven con sus familias en esta época estival. Igualmente, Benavente es una ciudad que, a diferencia de lo que ocurre en Zumarraga o Urretxu, en agosto rebosa de sol y de vida. En este lugar hospitalario llevamos a cabo los cafés filosóficos los días 31 de julio, 7, 14 y 21 de agosto en la Casa Soledad González (Casa Solita). 

Me reencontré con asiduos compañeros de años anteriores y también contamos con nuevos entusiastas del diálogo filosófico en grupo. Asimismo, volví a encontrarme con Antonio Vega, concejal de Bienestar Social, Educación (y a partir de esta legislatura también de Igualdad) que tuvo a bien aceptar la iniciativa que le propuse hace ya cuatro años, y la deferencia de dar la bienvenida a los asistentes el primer día y de asistir al primer y al último café filosófico. Muchas gracias a él y a todos los asistentes,  en especial a Lurdes, siempre atenta. Y también gracias a las recepcionistas de la Casa Solita (donde está ubicada la Biblioteca Municipal), que ponen el aire acondicionado un par de horas antes para que podamos hablar "tan frescos".
    Café filosófico del 31 de julio en Benavente. Foto: Pello Biain Peña
Aquí tenéis la preguntas que se propusieron y en mayúsculas las que se eligieron en cada una de las cuatro sesiones:




  1. ¿SOMOS NOSOTROS LOS CULPABLES DE TODO LO QUE ESTÁ PASANDO?
  2. ¿Cuáles son los obstáculos del acuerdo?
  3. ¿Por qué le tenemos miedo a la muerte?
  4. ¿Están ayudando las nuevas tecnologías a mejorar nuestras vidas?
  5. ¿En el terreno emocional e intelectual podemos autoayudarnos?
  6. ¿Yo como individuo puedo cambiar el estado de las cosas?
  7. ¿Existe alguna religión verdadera?
  8. ¿Por qué no nos escuchamos?
  9. ¿TENEMOS DOBLE PERSONALIDAD?
  10. ¿CÓMO TE ENFRENTARÍAS A LA MUERTE DE UNA PERSONA?
  11. ¿Es general que la mayoría de la gente esté pendiente de los chismes sobre los demás?
  12. ¿Tenemos derecho a la muerte?
  13. ¿ES EL MODELO DE VIDA ACTUAL SOSTENIBLE?
  14. ¿Existe una pérdida de valores en la sociedad actual?
  15. ¿Existe la realidad objetiva?

Como veis, ganan las que expresan una preocupación político-social (1, 2, 4, 6, 13, 14). Las hay también sobre el individuo y su relación con los demás (2, 5, 8, 9, 11). Las cuestiones sobre la muerte están también muy presentes (3, 10, 12). E incluso se plantean preguntas sobre el hecho religioso (7) o netamente metafísicas (15).

Algunas consideraciones sobre las preguntas:
  • En el café filosófico, las preguntas son excusas para poner en marcha el pensamiento, son un punto de entrada. Y, en ocasiones, el diálogo ha girado en torno a una pregunta, ya que, algunas personas tienen muy claro el tema, pero les cuesta concretar la pregunta que contenga su preocupación fundamental. A veces dan con ella, otras veces no, y en ocasiones lanzan preguntas que son afirmaciones camufladas de preguntas (por ejemplo la 11). Buscar la pregunta idónea es ya una forma de filosofar.  
  • Algunas preguntas contienes evidentes supuestos, es decir, afirmaciones que van implícitas en las preguntas y que, curiosamente, nadie suele cuestionar, cuando es una de las primeras opciones al iniciar el diálogo.
  • Hay preguntas que son muy abstractas (por ejemplo la 1 y la 2), es decir, carecen del contexto que permita entender a qué se refieren. En la 1, por ejemplo, no se sabe si "nosotros" se refiere a los benaventanos, a los zamoranos, a los castellanos, a los españoles, a los europeos o a los seres humanos. Tampoco se sabe si se habla de una culpabilidad moral o legal. Y en ese "todo lo que está pasando" entra, ni más ni menos, todo. Tengo dos posibles hipótesis para explicar este tipo de preguntas. Algunas personas tienen una tendencia totalizadora, es decir, buscan una pregunta que englobe al resto de preguntas para poder hallar asimismo la respuesta total y definitiva, propósito demasiado ambicioso para un café filosófico, donde las preguntas admiten distintas respuestas que nunca cierran definitivamente el problema pero sobre las que necesitamos pensar. En otras personas percibo cierto temor o pudor a ser muy claro, a que se vea su intención de hablar sobre un tema concreto. Suelo solventar el problema votando entre dos opciones: pedir a quien ha formulado la pregunta que la concrete, o dejar que cada participante interprete la pregunta como quiera, ya que en su respuesta y consiguiente argumento va a tener que utilizar un concepto que decante la pregunta en una dirección u otra.
  • Por último, es curioso cómo a lo largo del diálogo sobre una pregunta, se puede llegar a tocar alguna pregunta que no ha sido elegida. Ocurrió con la 1 y la 2 y también con la 13 y la 14. Lo comentaré en la próxima entrada.





martes, 23 de julio de 2019

CAFÉ FILOSÓFICO: ¿EN QUÉ CONSISTE LA BUENA EDUCACIÓN?

Este miércoles 24 de julio a las 19:00 haremos el último café filosófico de verano en Zumarraga. 

El miércoles pasado nos reunimos 12 personas (8 mujeres y 4 hombres) y se propusieron la siguientes cuestiones:

  • ¿El cultivo de la amistad tiene un precio?
  • ¿Aquí y en este momento estamos haciendo nosotros cultura vasca?
  • ¿Cuál es el límite entre la cordura y la locura?
  • ¿En qué consiste la buena educación?
Tras un empate, en la segunda votación salió ganadora la última pregunta. El diálogo tuvo dos partes bien diferenciadas. En la primera se respondió a la pregunta de diversas maneras. He aquí algunas. La buena educación: 

  • Consiste en adaptarse a los personas y a las normas de un entorno socio-cultural.
  • En el entorno familiar, consiste en proporcionar amor y establecer unos límites, y en el ámbito escolar o público, consiste en educar a (buenos) ciudadanos.
  • Consiste en transmitir una percepción ético-moral y desarrollar el pensamiento crítico.
  • Consiste en desarrollar el potencial de una persona.

En cuanto a los ámbitos, hubo varias propuestas. Una iba dirigida a distinguir la familia como ámbito propiamente educativo y la escuela o ámbito público, más destinado a transmitir enseñanzas, conocimientos o los ya citados valores de la ciudadanía. Otra propuesta iba dirigida a no diferenciar ámbitos, pues la educación debe darse de manera transversal en cualquier sitio.

La segunda parte se desvió del tema principal y surgió a partir de una intervención que defendía que, el amor, como elemento imprescindible de la buena educación, debía darse no solo en la familia, sino también en la escuela, de donde se llegó a la idea de que los maestros pueden amar a sus alumnos como si fueran sus padres. Frente a esta posición apareció otra, la de que no es posible que los maestros pueden amar a sus alumnos como si fueran sus padres, debido a que los docentes no tienen tiempo material para ello, tienen muchos niños y no tienen el mismo vínculo emocional que tienen sus padres con ellos, pues el amor familiar, entre otras cosas, es incondicional. Incluso una participante defendió que los maestros no deberían amar a sus alumnos como si fueran sus padres, pues no es su función, para la cual ya están los padres. Sin embargo, por la otra parte se adujo que ni el tiempo ni la cantidad de alumnos influyen en el amor de un docente y, además, éste puede establecer el mismo vínculo emocional que los padres. Viendo que era difícil cerrar la cuestión, como ocurre normalmente en filosofía, decidí averiguar qué decía el sentido común de los asistentes. Pero estos también se mostraron divididos: la mitad de los asistentes defendió una posición y la otra mitad defendió la otra. Sin embargo, ante la pregunta sobre quiénes de ellos habían recibido un amor paterno-filial por parte de sus maestros, solo una persona  levantó la mano y el resto reconoció que no. Esto se explicó aduciendo que la enseñanza antigua no permitía que los maestros amaran a sus alumnos, mientras que la enseñanza actual, sí.

Esta parte del diálogo fue intensa y, a mi juicio, la cuestión de fondo en la que no llegamos a entrar pero que estuvo sobrevolando durante todo el debate fue qué es el amor o, por lo menos, la cuestión de si cuando hablamos de que "los padres aman a sus hijos" y de que "los maestros aman a sus alumnos", estamos hablando del mismo amor o de diferente. Quizá por eso al final se utilizó un argumento falaz para defender que los maestros también aman a sus alumnos. También hubo quien negó la existencia del amor incondicional. 

Como no había tiempo para más, algunas cosas se quedaron en el tintero. Rescato tres:
  • ¿Existe el amor incondicional o todo amor es condicional, incluso el amor a los hijos?
  • ¿Deben los maestros querer a sus alumnos como los quieren sus padres?
  • ¿Existe alguna diferencia entre el amor que dan los padres y el amor que dan los maestros? 
Esta última cuestión les propuse como ejercicio filosófico para realizar a lo largo de la semana.






martes, 16 de julio de 2019

CAFÉ FILOSÓFICO: ¿CULPABLE O INOCENTE?

Este miércoles 17 de julio, llevaremos a cabo el próximo café filosófico a las 19:00 horas. 

Por lo que respecta al café del pasado 10 de julio, nos reunimos 16 personas (9 mujeres y 7 hombres). En julio ha aumentado la afluencia de gente y la cantidad de hombres y mujeres se equilibra más. Se plantearon las preguntas:

  • ¿Hacia dónde se dirige la ciudad?
  • ¿Culpables o inocentes?
  • ¿Qué es el amor?
  • ¿Somos más adictos al juego ahora que antes?
Elegido el tema "¿Culpables o inocentes?", el diálogo empezó a girar en torno al sentimiento de culpabilidad, pero nos costó centrar el aspecto de la culpabilidad sobre el cual reflexionar. 

La pregunta fue problematizada dos veces. En la primera, se puso de relieve que faltaba un contexto o situación sobre el cual dirimir la cuestión. Es lo que suele ocurrir con las preguntas abstractas, que luego cada participante va "aterrizando" en lugares distintos y el diálogo se dispersa (para bien o para mal). Además, la pregunta inicial no es un mero título o pregunta retórica, sino una cuestión que hay que responder y sobre la cual se va a iniciar el diálogo. La segunda crítica se dirigió hacia el hecho de que la pregunta tenía un supuesto: la disyunción, mientras que, en realidad, no se trata de una disyunción, pues la culpabilidad y la inocencia van juntas. 

Poco a poco, fueron apareciendo algunas distinciones. Por una parte, unos apoyaban la idea de que la culpabilidad es un sentimiento útil y conveniente, pues gracias a lo desagradables que es, puede evitar que volvamos a realizar una mala acción, mientras que otra postura apoyaba la inutilidad de ese sentimiento que solo sirve para sentirse mal. 


Otra distinción diferenciaba culpabilidad desde un punto de vista "psicológico" (yo me siento culpable) y desde un punto de vista social, político o jurídico. En este sentido se apuntó la posibilidad de sentirse culpable sin serlo, y viceversa, ser culpable (como el nazi Adolf Eichmann) y no sentirse culpable. 

También apareció la diferencia entre la culpabilidad y la responsabilidad: La primera tiene una connotación religiosa (acompañada de autodesprecio) mientras que la responsabilidad asume lo hecho (o no hecho) pero no va acompañada de autodesprecio). 

Otro intento giró en torno a la relación entre la culpabilidad individual y la culpabilidad social. El problema empezó cuando se planteó que la culpabilidad tiene un componente social, es decir, que es la sociedad la que determina nuestro sentimiento de culpabilidad, pues las normas sociales que nos encontramos establecen lo que está bien y lo que está mal y, por lo tanto, cuándo y por qué nos sentimos culpables. Si eso es así, ¿cómo entender la culpabilidad individual? Algunas respuestas apuntaron al hecho de que, aunque sea la sociedad la que condicione nuestro sentimiento de culpabilidad, es cada persona quien debe cómo actuar ante ese condicionamiento.

El diálogo fue intenso pero, a mi juicio, no conseguimos centrarlo desde un principio, quizá porque la pregunta era demasiado abstracta o porque se fueron añadiendo distintos aspectos sobre la culpabilidad sin llegar a relacionarlos adecuadamente.

Gracias a todos los asistentes por acudir. También quiero mencionar y agradecer la presencia y el interés de dos colegas profesores de filosofía pertenecientes a la Asociación de Filosofía ÁGORA, la cual organiza también, aunque con otro formato, cafés filosóficos y otro tipo de actividades con el fin de divulgar la filosofía y sacarla a la calle.


martes, 9 de julio de 2019

HOY, MIÉRCOLES, CAFÉ FILOSÓFICO EN ZUMARRAGA

Café filosófico en Zumarraga. Junio 2019
Hoy miércoles 10 de julio, café filosófico en la Casa de Cultura de Zumarraga a las 19:00.

¿Qué es un café filosófico?

  • Un encuentro para ejercitar el pensamiento a través de un diálogo entre los asistentes.
  • Ejercitar el pensamiento significa hacernos consciente de nuestras ideas, profundizar en ellas y problematizarlas.
  • El diálogo parte de una pregunta propuesta y elegida por los asistentes.
  • Las intervenciones son libres: se puede solo escuchar (que no es poco) y se puede hablar.
  • Antes de hablar, cada persona debe indicar cuál su propósito: responder a la pregunta, problematizarla, explicar algo, rebatir otra idea, preguntar algo...
  • Las intervenciones deben ser claras, breves y argumentadas.
  • Se puede llevar cualquier cosa para beber... y buen humor.

jueves, 4 de julio de 2019

CAFÉ FILOSÓFICO: ¿POR QUÉ GENERA RECHAZO LA INMIGRACIÓN?

Café filosófico en Zumarraga. 22-06-2019. Foto Olatz.
Fuimos 11 personas (9 mujeres y 2 hombres) las que nos reunimos el viernes 21 de junio en torno a las siguientes preguntas:
  • ¿Por qué genera rechazo la inmigración?
  • ¿Está la sinceridad sobrevalorada?
  • ¿Por qué somos solidarios?
  • ¿Debería cambiarse el reparto de las loterías?
Una vez elegida la primera, se fueron sucediendo las (muchas) respuestas. La inmigración genera rechazo por el miedo a lo desconocido o por simple desconocimiento, y ese miedo y desconocimiento (y rechazo) es mayor hacia la gente musulmana. También había quien pensaba que, más que el miedo, son los prejuicios que tenemos los que hacen que rechacemos menos a quienes más se parecen a nosotros y más a quienes se parecen menos. Otra razón es que nos generan rechazo por miedo a perder nuestros privilegios. Aquí abrimos un paréntesis para debatir si nuestros privilegios eran justos o injustos y llegamos a la conclusión de que, por una partes son justos, es decir, fruto de los avances que ha conseguido la cultura occidental pero, por otra, injustos, pues algunos de esos avances se han conseguido aprovechándonos de países que ahora están en la pobreza. También se adujo que rechazamos a los inmigrantes por miedo a perder nuestra calidad de vida al tener que repartir nuestro dinero y nuestros recursos con ellos. Otra razón fue el miedo a perder determinados derechos humanos o que la inserción de inmigrantes con mentalidades diferentes provocara un retroceso en este sentido. Y también apareció el miedo a que cambiaran nuestra cultura y forma de vida.

Café filosófico en Zumarraga. 22-06-2019. Foto Olatz.
Por otra parte, se planteó qué se debería hacer por ambas partes para que disminuyera el rechazo. Por parte de quienes vivimos aquí, se apuntó a la necesidad de ser solidarios y ayudarles, de facilitar su integración y fomentar la comunicación con ellos, tomar medidas a nivel institucional, organizar encuentros interculturales... Y, por parte de los inmigrantes, se apuntó la necesidad de que ellos hagan un esfuerzo por respetar y adaptarse a nuestras normas de convivencia, especialmente en lo referente a las relaciones de género entre hombres y mujeres. 

Por último, algunos de los participantes se mostraron optimistas al pensar que la adaptación e integración se irá produciendo poco a poco. Sin embargo, otros participantes se mostraron más pesimistas al considerar que costará mucho trabajo conseguirlo.

El próximo café filosófico será el miércoles 10 de julio a las 19:00 en la Casa de Cultura de Zumarraga.

jueves, 20 de junio de 2019

CAFÉ FILOSÓFICO: ¿DEBEMOS DECIR SIEMPRE LA VERDAD?

En el café del viernes 14 de junio, se propusieron tres temas:

¿Tenemos que aceptar las donaciones de Amancio Ortega?
¿Somos conscientes de ser agradecidos?
¿Debemos decir siempre la verdad?

Café filosófico en Zumarraga (14-06-2019). Foto: Mertxe Peña
Salió elegido el último y, en un primer momento, alguien propuso definir qué es la verdad. La empresa no salió nada mal: se llegaron a distinguir dos tipos de verdad, una sobre hechos, y por lo tanto, más objetiva (algo ha ocurrido o no ha ocurrido); y otra sobre gustos y valoraciones, y por lo tanto más subjetiva (lo ocurrido me parece bien o mal, correcto o incorrecto, bonito o feo...).

Las primeras respuestas defendieron que no hay que decir siempre la verdad si, diciendo la verdad, provocamos un daño o perjuicio a alguien. Sin embargo, una persona defendió que provocar dolor diciendo la verdad es necesario, porque conocer esa verdad, aunque sea dolorosa, nos ayuda a pensar, a crecer y a desarrollarnos. Otras respuestas incidieron en el sí, en la necesidad de decir siempre la verdad, bien sea por imperativo moral o, como puede ocurrir en un juicio, por imperativo legal, también porque ello contribuye a crear una sociedad más justa o por tener más y mejores relaciones sociales. Frente a esta obligación de tener que decir la verdad, también hubo quien defendió el derecho a poder decidir libremente cuándo decir la verdad y cuándo mentir.

Curiosamente, coincidió que, quienes defendían la necesidad de mentir eran mujeres y, quienes defendieron la necesidad de decir la verdad eran hombres. Y se me ocurrió indagar si podría haber alguna relación. Se propusieron dos hipótesis que, en un principio nos parecieron plausibles. La primera es que, históricamente, la situación opresiva de la mujer ha provocado que haya tenido más necesidad de mentir, cosa que no les ha ocurrido a los hombres. La segunda hipótesis es que, debido a esto, la mujer ha desarrollado más la empatía y, por lo tanto, tiene más cuidado a la hora de provocar un daño diciendo la verdad.

Se trató también la incoherencia de los padres que nos empeñamos en inculcar en los hijos el principio de decir siempre la verdad cuando, en realidad, todos sabemos que lo habitual es no hacerlo en ningún ámbito, ni en el ámbito de la pareja o familia, en el trabajo o entre los propios amigos o conocidos. Se introdujo pero no se trató el hecho de que muchas veces no decimos la verdad y lo justificamos en el daño que vamos  a provocar a alguien, cuando, en realidad, no es por eso, sino porque no nos atrevemos a decirla. También apareció el hecho sacralizar la verdad y utilizarla como una forma de control social.

Después de dos horas, quedaron muchos flecos sueltos y muchas dudas abiertas al respecto, pero fue un placer poder dialogar sobre este tema de una manera rigurosa, profunda y amena con los participantes.

Este viernes 21, tercer café filosófico de junio a las 18:00 en la Casa de Cultura de Zumarraga.

viernes, 14 de junio de 2019

HOY, SEGUNDO CAFÉ FILOSÓFICO

El pasado 7 de junio nos juntamos once personas en el primer café filosófico (en la foto faltan dos). Como curiosidad, otra vez (hasta el momento siempre ha ocurrido así) hubo más mujeres (7) que hombres (3 sin contarme a mí). 

Para no alargar mucho la fase de proponer preguntas, las limitamos a cuatro, que fueron las siguientes:

  • ¿Qué nos ha pasado con las nuevas tecnologías?
  • ¿Tiene algún sentido la filosofía en en el siglo XXI?
  • ¿Aprobaríamos un examen de coherencia?
  • ¿Existe realmente el síndrome posvacacional?

Salió elegida la pregunta sobre el sentido de la filosofía en el siglo XXI. Las respuestas positivas se fueron sucediendo y los "sentidos" también: cuestionarse las cosas y hacerse preguntas, pensar, buscar soluciones, sistematizar el pensamiento, ser críticos, dar sentido a la vida, transformar la sociedad. ¡Para que luego digan que la filosofía no sirve para nada!. Hubo algunas discrepancias (¡cómo no en un café filosófico!) en torno a dos temas. Primero, la delimitación del pensamiento filosófico, pues no siempre que pensamos lo hacemos de manera filosófica. El segundo desacuerdo giró en torno al problema de si la filosofía puede ayudar a buscar la felicidad (concepto que también dio problemas, claro) y si todos buscamos indefectiblemente lo bueno o podemos buscar también lo malo. Es curioso cómo esta cuestión ya la planteó un griego ateniense llamado Platón en el siglo V a. C. (y que está desarrollado en el diálogo Menón) y vuelve a aparecer 2500 años más tarde en un café filosófico de Zumarraga. Pues ese es otro de los sentidos de la filosofía: seguir tratando esos temas que no caducan ni se resuelven pero que, tratándolos y profundizando en ellos, por lo menos los entendemos mejor.

Hoy a las 18:00, segundo café filosófico en la Casa de Cultura de Zumarraga.

sábado, 1 de junio de 2019

CAFÉS FILOSÓFICOS DE VERANO EN ZUMARRAGA

Los cafés filosóficos son diálogos para desarrollar el pensamiento crítico y autocrítico. 

Café filosófico. Junio de 2018. Zumarraga. Foto Mertxe Peña
Planteada una pregunta elegida entre las propuestas por los propios asistentes, se les pide a continuación una respuesta que contenga un argumento y, de esta manera, se va desarrollando el diálogo. Mi labor consiste en dar los turnos de palabra, cuidar de que las respuestas sean claras, profundizar en ellas y problematizarlas, relacionarlas, recoger algunos conceptos claves que van saliendo... 

Todo ello acompañado de un ambiente distendido, humor y un café o cualquiera otra bebida.

Se realizarán los viernes 7, 14 y 21 de junio a las 18:00 horas y los miércoles 10, 17 y 24 de julio a las 19:00 horas en la Casa de Cultura de Zumarraga.


jueves, 23 de mayo de 2019

POSDATA: ¡NO TE OLVIDES DE EUROPA!


Utopía I
No sé si te habrás dado cuenta de que tenemos un utopía en marcha. No es una utopía lejana e inalcanzable, sino una casi recién nacida que actualmente se tambalea. Esa utopía se llama Unión Europea.

Ya sabes lo que ha sido Europa, en su peor versión, sin la Unión Europea: un gran campo de batalla con millones de muertos provocados por las luchas por el poder condicionadas por la religión, la nación (en versión XL o S) o la organización de los bienes y la propiedad. Ahí está, por ejemplo, la Guerra de los Treinta Años (1618-1648) en la que participó Descartes, que desangró Europa por motivos, no solo, pero en gran parte religiosos, con masacres terribles (¿te acuerdas de la matanza de los hugonotes en Francia?). O la escalada nacionalista entre países europeos que dio lugar a la Primera Guerra Mundial. Y qué te voy a contar ya del fascismo y el nazismo (los reales, pues ahora a cualquiera que discrepa de algo lo llaman fascista o nazi), o de los totalitarismos comunistas, ideologías que se enfrentaron en la Segunda Guerra Mundial, con genocidios que alcanzaron unos niveles de crueldad hasta entonces desconocidos y ante los cuales filósofos como Adorno, Horkheimer o los existencialistas ya expresaron su espanto. 

Y en nuestro país también hemos tenido nuestra propia ración de batallas. Echando mano de lo más cercano, ahí están “nuestros” (eran vascos, sí) señores feudales, los Parientes Mayores, sedientos de un honor y poder que se dirimía en guerras pagadas (en los dos sentidos) por sus súbditos; o las interminables guerras carlistas que expoliaron material y humanamente al país. Y la guerra civil, y la dictadura franquista, y el terrorismo de ETA...

Pero, para no pintar todo tan negro, en su mejor versión, Europa ha sido también el lugar donde se han creado estupendos inventos como la libertad y la democracia; la razón, la filosofía, la ciencia y la técnica; la tolerancia y el laicismo (que acabaron con las guerras de religión) el arte en todas su formas, los derechos humanos y el Estado social de derecho (donde se aúna lo mejor del liberalismo y el socialismo, ambos también europeos)... Y todas estas conquistas han tenido artífices como Sócrates, Platón, Aristóteles, Descartes, Hume, Locke, Kant, Marx, Miguel Ángel, Leonardo da Vinci, Velázquez, Goya o Van Gogh, Bach, Beethoven, Mozart, Galileo, Newton, Einstein, Cervantes, Shakespeare, Balzac...

Utopía II
Esta mejor versión de Europa es la que podría constituir la base de nuestra identidad europea y sentir que todos esas personas de distintas nacionalidades que acabo de mencionar son también de los "nuestros", pues ellas han configurado nuestra mentalidad y forma de vida. Ya sé que tiene más fuerza al apego al terruño, pero, quizá, uno de los mayores logros de la racionalidad europea es el invento de lo universal, la idea de superar los localismos e ir hermanándonos en espacios mayores donde imperen los derechos (y obligaciones) humanos y donde las fronteras tanto físicas como mentales vayan desapareciendo, vamos, que en lugar ir creando paisitos culturalmente homogéneos (¿te acuerdas de la terrible guerra de la exYugoslavia?) se llegue a crear algún día un Estado Europeo o unos Estados Unidos Europeos. Y que dentro de esa uniformidad e igualdad de obligaciones y derechos políticos y sociales (¡qué pena que no tengamos todavía una constitución europea!) podamos vivir en libertad y en la diversidad (¡y sin más guerras!).

Por eso, no desdeñes la utopía europea por muy imperfecta que te pueda parecer y por muchas carencias que pueda tener. Es de las cosas que, cuando las tienes, no las notas (para ti, por tu edad, la democracia y la Unión Europa son tu hábitat "natural"), pero cuando desaparecen, te das cuenta del valor que tenían. Y desde que nació, ahora está pasando por uno de sus peores momentos. Por eso, si vas a votar, ¡no te olvides de Europa!


domingo, 21 de abril de 2019

¡BIENVENIDO A LA POLÍTICA, JOVEN! (y 2)


(Viene del artículo anterior)

6. No te tomes la política como si fuera una cuestión religiosa. Al margen de los derechos humanos, que deberían ser el catecismo laico de toda la humanidad, en política es imprescindible relativizar las ideas. Puedes vivir la política con fervor y pasión, claro, pero no adoptes, seas creyente o ateo, actitudes sectarias e intolerantes que te incapaciten para empatizar con tus oponentes, para transigir y ver las cosas desde otro punto de vista, para despegarte de tus ideas por un momento y superar los límites de tu modelo mental. Por eso, no votes a un partido ni estés afiliado a él como si estuvieras en un rebaño donde todo el mundo bala o dice amén al unísono. Nunca le entregues tu libertad de pensamiento y no olvides que los partidos son solo instrumentos para mejorar la sociedad, no para apoltronarse y medrar, es decir, mejorar los bienes propios o los del partido utilizando artimañas a aprovechándose de las circunstancias. 

«Ataduras ideológicas». Foto: Mertxe Peña
7. No te ates a una ideología concreta y coge de cada una lo mejor, pues tan perverso puede ser, por ejemplo, un liberalismo sin límites que se olvida de los más vulnerables y desfavorecidos y que permite injustas desigualdades, como un socialismo igualitario a ultranza que reduzca la libertad para imponer una igualdad indiscriminada incluso a quien no lo merezca. La clave está en combinar la libertad para aspirar a lo que uno quiera y la igualdad en el acceso a las necesidades básicas y la igualdad de oportunidades. Y crear posibilidades y formas de vida distintas que permitan dar respuesta a la ambición de cada cual, que no tiene por qué ser igual. Pero, para eso, además de ideologías hace falta creatividad.

8. No te dejes embaucar por quienes pretenden dividirnos entre «ellos» (los malos, claro) y «nosotros» (los buenos, por supuesto), pues nadie es mejor que nadie solo por ser de un partido u otro, portar una bandera u otra, ser hombre o mujer, homosexual o heterosexual, vasco o español, cristiano o musulmán, negro o blanco, rico o pobre, empresario o trabajador, hablar una lengua u otra... Siéntete parte de un grupo y de su cultura, pues somos seres sociales a los que reconforta compartir una identidad con otros, pero los humanos no somos árboles, no tenemos raíces, sino piernas para viajar (algo que llevamos haciendo desde que apareció nuestra especie) y corazón para amar cualquier otro lugar o gente. Por eso, podemos alimentarnos de muchas culturas y tener muchas identidades a la vez, sin necesidad de que sean excluyentes. En su más noble sentido, la política consiste, a pequeña escala, en mejorar las condiciones de vida de la gente para que a cada cual le sea más fácil ser feliz a su manera. Y, a gran escala, la política es el intento, ya formulado por pensadores ilustrados como Kant, de ir constituyendo y ampliando una comunidad humana que vaya superando los actuales países (¡acuérdate de los estoicos griegos del siglo IV. a. C., que ya eran cosmopolitas!) y compuesta por gente cada vez más libre, pero cuya libertad esté orientada por los valores universales de la educación, el conocimiento y la cultura; el arte y la sensibilidad; la razón y el  sentido crítico; la dignidad y los derechos humanos convertidos en ley y amparados por Estados de derecho cada vez más amplios que hagan cumplir esa ley. Como ves, se trata de vivir entre «los tuyos» pero sin perder de vista el objetivo último de que cualquier ser humano pueda llegar a ser uno de "los tuyos", pues, como repetía el uruguayo Mario Benedetti en aquel precioso poema: "Patria es humanidad". Se trata, en definitiva, de ir construyendo una identidad unificadora que vaya integrando y protegiendo en los mismos derechos y obligaciones a gente muy diversa, en lugar de utilizar la política para meter cizaña y disgregar a la gente y enfrentarla en base a nuestras diferencias. La política necesita del faro de una ética y un proyecto universales. Sin ética, será una política mezquina, mera razón instrumental, donde todo, incluso los seres humanos, son solo medios para objetivos a corto plazo, como denunciaban los filósofos de la Escuela de Frankfurt. 

«Parlamento». Foto: Mertxe Peña
9. No intentes arreglar todo apelando al voto de «la mayoría» o «el pueblo». En democracia, quien gobierna realmente es la ley, que establece los límites de lo que podemos hacer todos, incluidos quienes nos gobiernan. Las leyes se discuten y se votan en el parlamento por los representantes que elijamos los ciudadanos, de donde proviene su legitimidad, y se pueden cambiar, claro, pero no todo se resuelve por mayoría y votando, sobre todo, teniendo en cuenta un peligro que Platón encontró en su propia democracia: la demagogia y la posibilidad de manipular a la gente utilizando emociones como el miedo, el odio y la mentira. Por eso, los cambios profundos y radicales no se solucionan con una votación en la que unos ganen y otros pierdan (y queden resentidos), y menos cuando el resultado sea ajustado. Esos cambios requieren, para poder seguir manteniendo ese delicado equilibrio de intereses, del «consenso», eso que propone Jürgen Habermas, el último filósofo que hemos estudiado: establecer en la sociedad situaciones y condiciones ideales (y muy rigurosas) de diálogo y argumentación para poder llegar a acuerdos racionales y razonables en torno a las cuestiones esenciales de una sociedad. Ese consenso es el verdadero interés que está por encima de los intereses partidistas, pues ningún partido, como su nombre indica, representa a todo el "pueblo". 

10. Por último, desconfía de quien simplifica demasiado los asuntos y propone soluciones mágicas y rápidas para solucionar los problemas. Sé realista y ten en cuenta que a la política se la ha llamado, con toda la razón, «el arte de lo posible». Eso quiere decir que las sociedades humanas son complejas (¡muchos intereses y formas de entender lo justo!) y, por eso, es imprescindible tener en cuenta el contexto en el que uno está a la hora de proponer determinados cambios: qué acontecimientos históricos ha vivido un país, qué moral y valores predominan en un momento dado, la disposición mayoritaria o minoritaria de la sociedad ante una propuesta, la viabilidad o no para llevarla a cabo, los perjuicios o inconvenientes que puede acarrear, etc. A veces, determinados cambios hay que trabajarlos, prepararlos, dejar que maduren, hablarlos, clarificarlos y que vayan calando, pero sin forzar ese equilibrio del que ya hemos hablado, pues, cuando se fuerza y se rompe, las sociedades se convulsionan, nos dividimos en bandos y podemos llegar a ser muy peligrosos, algo que ya sabrás por la propia historia de tu país.

Posdata: Ya sabemos lo que ha sido Europa sin la Unión Europea: un gran campo de batalla con millones de muertos provocados por asuntos como la religión, la nación (en versión XL o S) o la organización de la propiedad. Son cosas que tienen tanta fuerza, que pueden despertar en nosotros el monstruo que llevamos dentro. Ahí está, por ejemplo, la Guerra de los Treinta Años (1618-1648) en la que ya vimos que participó Descartes, que desangró Europa por motivos, no solo, pero en gran parte religiosos, con matanzas y masacres terribles. Y qué te voy a contar ya del fascismo y el nazismo (de los reales, pues ahora cualquiera que discrepa de algo es un fascista o un nazi), de los totalitarismos comunistas, de la Primera y Segunda Guerra Mundial, que alcanzaron unos niveles de crueldad hasta entonces inimaginables y ante las cuales filósofos como Adorno o Horkheimer o los existencialistas ya expresaron su espanto. Por eso, una última reflexión: no desdeñes el proyecto europeo por muy imperfecto que te pueda parecer. Es de las cosas que, cuando las tienes, no las notas (para ti, la democracia y la Unión Europa son tu hábitat "natural"), pero cuando desaparecen, te das cuenta del valor que tenían. 

Así pues, ¡bienvenido a la política! 



jueves, 18 de abril de 2019

¡BIENVENIDO A LA POLÍTICA, JOVEN! (1)

Es posible que dentro de muy poco cumplas 18 años y puedas votar, convirtiéndote plenamente en ciudadano. Digo plenamente porque ejercemos de ciudadanos no solo votando, sino haciendo con nuestros actos que la sociedad sea de una manera o de otra. Quiero decir que, por ejemplo, si haces una huelga para protestar por algo o si la haces solo por coger un día de fiesta, si echas una lata al suelo o si la reciclas, si te haces socio de una ONG o si vives ajeno a los problemas de los demás, si voceas en las redes sociales o si prefieres dialogar razonadamente, si te informas y piensas sobre los problemas de tu sociedad o si no quieres saber nada de ellos… con cada una de esas opciones ya estás ejerciendo de ciudadano… aunque no votes. Podríamos decir, incluso, que el conjunto de tus actos sería algo así como tu “programa electoral”. Pues bien, en los próximos días y meses vas a poder votar por primera vez para elegir a quienes nos van a gobernar en los distintos niveles en que se reparte el poder: ayuntamientos, diputaciones, parlamento español y parlamento europeo.

Por si te sirve de ayuda, he aquí un decálogo de ideas muy generales sobre la política para que reflexiones sobre ellas:

1.En primer lugar, no seas idiota, que es como denominaban los griegos que inventaron la democracia a los que se desentendían de los asuntos públicos y pasaban olímpicamente de participar en las cuestiones de su comunidad. En política, lo contrario de ser idiota es ser político, que en un principio quería decir simplemente “ciudadano”, habitante de la polis o ciudad. Por lo tanto, político era cualquier ciudadano que se implicara en la cosa pública. La democracia en la que vives necesita que seas político, no idiota. 

2.Aun reconociendo sus imperfecciones, no hagas caso a quien desprecie la democracia en la que vives. Todos los intentos de superar la democracia por la derecha o por la izquierda, han terminado en dictaduras en las que los derechos humanos individuales, que son la esencia de la democracia, han sido violados. Y, si no, echa la vista hacia atrás, tal y como lo haces cuando estudias Historia, no vas a encontrar ningún camino triunfal de rosas que nos haya traído hasta aquí. Más bien, encontrarás un camino de espinas lleno de infamias, sangre y dolor. 

3.Olvídate del Estado, la nación, la patria o la sociedad perfecta donde todos estemos en todo satisfechos. No existe y no hagas caso a quien te lo quiera vender, y menos de hoy para mañana. La democracia es perfectible, pero no es perfecta, sencillamente porque los seres humanos no somos perfectos, y menos cuando nos agrupamos. Lo que sí se puede es ir introduciendo cambios para disuadir a quien tenga la tentación de corromperse, abusar de su poder o imponerse por la fuerza, para que no lo haga o se lo piense dos veces, pero es imposible que desaparezcan esas personas, y mucho menos en nuestra democracia, donde cualquiera puede acceder al poder (incluso tú mismo). De ahí que Platón tuviera tantas reticencias ante esto, pues en su época también accedían al poder personas sin escrúpulos cuya finalidad era cualquiera menos el beneficio común.

«Equilibrio entre ideologías». Foto: Mertxe Peña
4.Reconoce y acepta a quien no piense como tú y aprende a comprender la parte de razonable que puedan tener sus planteamientos, aunque no los compartas. Y, para comprenderle, tienes que dejar que hable, escucharle y preguntarte qué razones puede tener para pensar así. La política en democracia consiste en guardar un delicado y frágil equilibrio entre las distintas ideologías que coexisten, permitiendo que todas ellas (y no solo la tuya) consigan en parte (solo en parte y dependiendo de los votos que reciban) sus intereses. Cuando ese delicado equilibrio se rompe y una parte obtiene todo y los demás nada, aparecen los totalitarismos. Por eso, lo normal en democracia es que nadie esté nunca totalmente satisfecho. Los únicos que están totalmente satisfechos son, precisamente, los dictadores totalitarios.

5.No caigas tan bajo de utilizar el juego sucio contra quien no piensa como tú. Jugar sucio es insultar, denigrar, humillar a alguien por sus ideas. Jugar sucio es falsear, tergiversar, manipular, ocultar… informaciones o declaraciones de otras personas porque no te interesan; es inventar bulos y rumores sobre alguien o acusarle sin pruebas; es dejarte llevar por prejuicios y renunciar a pensar por ti mismo; es dar la razón o quitársela siempre al mismo partido o persona solo porque es de los tuyos. Desgraciadamente, las redes sociales, formidables herramientas que podrían servir para establecer grandes debates, se han convertido en lugares donde, más que intercambiar y argumentar ideas, se practica el juego sucio. No te dejes llevar por ese juego. Además, piensa que cuando insultas, más que describir a la persona que insultas, te estás describiendo a ti mismo y, sobre todo, tu impotencia y arrogancia. En su lugar, intenta averiguar en qué aspecto concreto no estás de acuerdo con quien previamente hayas hecho un esfuerzo por comprender y busca un argumento para rebatirle. O utiliza el humor inteligente para resaltar sus contradicciones, pero siempre respetando su dignidad.  

(Continuará)

sábado, 19 de enero de 2019

XIX. JORNADAS EDUCATIVAS ABIERTAS EN AMURRIO (ALAVA)

El viernes 25 participaré en las XIX. Jornadas Educativas organizadas por la ikastola Aresketa de Amurrio (Álava), respondiendo a la invitación de Eduardo Fraile, quien llegó a enterarse de mis sesiones de Filosofía para Niños en Benavente y Zumarraga. Como podéis ver abajo en el programa, las sesiones se desarrollarán a lo largo de toda la semana a cargo de diferentes ponentes. Yo haré un taller de pensamiento crítico en el que, con la participación de los asistentes, intentaré mostrar en qué consiste y qué condiciones son necesarias para su desarrollo. El programa es el siguiente:

Día 21: La ciencia... con letras entra. Marta Macho-Stadler.
Día 22: La capacidad de aprendizaje del cerebro. Natalia Ojeda.
Día 23: Dar motivos para leer. Víctor Moreno.
Día 24: Despertando la afición a la lectura. Pello Añorga.
Día 25: ¿Te atreves a pensar por ti mismo? Pello Biain.

Más información: XIX. JORNADAS EDUCATIVAS DE AMURRIO Además, si clicáis en la sección MULTIMEDIA, encontraréis vídeos de ediciones anteriores.

De paso, aprovecharemos para conocer esta localidad de la cuadrilla alavesa de Ayala, situada al noroeste de la provincia de Álava. Habíamos estado en la localidad de Ayala, visitando el impresionante Conjunto Monumental de Quejana, con el Palacio de los Ayala, el Torreón, el Convento y la Iglesia. Además, mira por dónde, mi séptimo apellido por parte de la abuela paterna es Salmantón, que es un pequeño concejo situado también en la cuadrilla de Ayala. 




jueves, 10 de enero de 2019

TRIBULACIONES DE UN HUELGUISTA INDECISO

Foto: Mertxe Peña
Hace una semanas inicié la lectura del libro "Justicia. ¿Hacemos lo que debemos?" del filósofo norteamericano Michael J. Sandel, donde hace una reflexión de algunos problemas morales y sociales actuales a la luz de distintos planteamientos éticos. Y, casualmente, hace una semana los sindicatos de la enseñanza concertada en la que trabajo, convocaron una huelga de cuatro días por motivos laborales. Debido a la duración inusual de la huelga y estimulado por la lectura de la obra citada, dudé sobre la postura que debía tomar, sobre cuál era la más justa y, por lo tanto, qué debía hacer. En un primer momento, dudé entre desvincularme (opción que existe) o vincularme a ella votando o absteniéndome. Al final, me abstuve en la votación. Sin embargo, me costó mucho decidirme debido a las tribulaciones que me asaltaron y que las expongo, para resumirlas, a modo de preguntas, para las cuales he atisbado muchas dudas y pocas certezas:


·                     ¿Tengo algún vínculo con mis compañeros de trabajo? ¿Quiero formar parte de un colectivo al que me une algo o voy por libre? 
·                     Si me desvinculo, ¿de qué me desvinculo: del resto de mis compañeros, de los sindicatos, de las reivindicaciones, de la convocatoria o de todo a la vez?
·                     Si me desvinculo, ¿estoy diciendo que yo estoy solo y me represento a mí mismo?
·                     Si yo estoy solo y me represento a mí mismo, ¿debería yo negociar personalmente mis condiciones de trabajo con mi empresa en nombre de mí mismo o debería formar otro colectivo a mi medida?
·                     Así pues, ¿qué modelo prefiero universalizar porque es más justo: estar vinculado a algún colectivo de alguna manera y negociar colectivamente o estar desvinculado de todo colectivo y proponer negociaciones individuales que, seguramente, van a dar lugar a condiciones de trabajo distintas?
·                     Y yendo un poco más allá: ¿debemos tener todos las mismas condiciones de trabajo o éstas deben ser distintas en función del valor y demanda que mis competencias profesionales tengan? ¿Debemos ganar en un mismo puesto de trabajo todos lo mismo?
·                     ¿Debo compararme con alguien para evaluar mis condiciones de trabajo? ¿Debo compararme con quien está mejor que yo, con quien está peor, conmigo mismo, o sea, con cómo estaba antes y con cómo estoy ahora, o debo compararme simplemente con las posibilidades reales del momento? ¿Y cómo sé cuáles son esas posibilidades reales?
·                     ¿Puede haber, incluso, condiciones personales que hagan muy difícil que ninguna condición laboral objetiva me satisfaga realmente?
·                     Y si me desvinculo y mis compañeros consiguen alguna mejora debido a la eficacia de la huelga y a lo que ellos han perdido, ¿no sería justo que yo me desvinculara del beneficio que voy a obtener gracias a su pérdida?
·                     ¿Les debería yo algo a ellos en caso de que yo ganara algo gracias a lo que ellos han perdido? ¿No sería justo que yo contribuyera con mi beneficio a paliar, al menos en parte, sus pérdidas?
.     ¿Tiene sentido que en una empresa se puedan desvincular de una convocatoria de huelga trabajadores que, en caso de que la huelga consiga un resultado, van a quedar vinculados a ese resultado?

Foto: Mertxe Peña
Llegados a este punto, descarté desvincularme por esta razón, pero había otras preguntas que me rondaban:
·                     ¿Qué está por encima: mi obligación y responsabilidad contraída con mi empresa y, sobre todo, con el alumnado (y padres) o el derecho de hacer huelga para conseguir unas mejoras?
·                     ¿Es justo utilizar al alumnado (y padres) como medio para conseguir un fin personal o colectivo?
·                     ¿Debo resarcirlos de alguna manera por el perjuicio ocasionado?

¡Uf! Al final, me encontré como el saltamontes de la foto superior, enredado en una mosquitera de dudas y preguntas, y decidí participar en la votación y abstenerme en la misma. Pese a todo, las tribulaciones continuaron:
·                     Si los trabajadores o sindicatos piensan sobre la patronal, más o menos, eso de que "tenéis dinero pero os lo queréis gastar en otra cosa y no en pagarnos más y mejorar nuestra situación"; y, a su vez, la patronal piensa, más o menos, eso de que "tenemos otras prioridades y, en realidad, lo que queréis es trabajar menos y ganar más", ¿nadie ha inventado una forma de gestión gracias a la cual sea posible, si no eliminar, disminuir esos prejuicios y desconfianzas?
·                     ¿Nadie ha "innovado" (perdón por la palabra) cómo generar confianza sin tener que recurrir exclusivamente al "confío en ti y te creo" o "no confío en ti ni te creo"?
.     Significan algo conceptos como "misión compartida" y "transparencia en la gestión" o son meros palabras vacías de contenido? 
·                     ¿Tengo algún vínculo con mi empresa que vaya más allá del mero contrato de trabajo? 
·                     ¿Tienen la patronal y los trabajadores algún interés común?