sábado, 6 de febrero de 2021

CARTA DE UNA EXALUMNA

 

Uno nunca sabe el efecto que las actividades de clase pueden tener en los alumnos. A veces, me parece que los cursos se suceden unos detrás de otros como si de una noria se tratara, de la que bajan grupos de jóvenes y suben otros con caras más bien de indiferencia. Tras terminar el Bachillerato, algunos alumnos me piden que deje de enviarles los artículos filosóficos de este blog, como si se libraran con alivio de un castigo. No obstante, de vez en cuando me ha parado alguno por la calle y me ha confesado que recuerda gratamente algo que dijimos en una clase de la que yo ya estoy olvidado y que para él fue revelador, o algún otro que al cabo de unos años entendió algo que en su momento no entendió y ha reconocido su valor. Es normal y a mí me pasa lo mismo. Cada uno va despertando y adquiriendo conciencia de las cosas desde lugares distintos y a ritmos distintos. Hace un tiempo, por ejemplo, contacté a través de Facebook con mi profesora de Francés de COU (actual 2º de Bachillerato), a la que le di las gracias (¡después de 40 años!) porque, además de enseñarme francés, me mostró algunos valores de la cultura francesa que, para un joven de 17 años como yo que provenía de una enseñanza religiosa estrecha y un nacionalismo cerril, supuso un soplo de aire fresco y una apertura mental impagable. Quizá para ella, por ejemplo, hacernos escuchar, traducir y comentar Le métèque de Georges Moustaki fue un ejercicio más, pero a mí me lanzó hacia un cambio personal que todavía continúa.

Hace unos meses, recibí la carta de una alumna que describía la experiencia que tuvo en una clase de Filosofía donde hablamos sobre el sentido de la vida. La voy a compartir porque es un acto inusual que requiere valor (coraje) y al que doy mucho valor (importancia) y que, además, es muy gratificante para un docente.

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Hola Pello:

Estaba yo hablando con mis amigas y me he acordado de este texto que te escribí en su momento y que no me atreví a mandarte. Comentando el tema, me han animado a enviártelo. Te lo mando porque me quedé con ganas de hacerlo. 

 "Me he estado acordando últimamente de cuando el año pasado en clase de Filosofía pusimos en un papel cual era el sentido de la vida para nosotros.
Me desesperé cuando nos diste solo cinco minutos para pensar sobre ello. Esa era una de las preguntas que habían rondado en mi cabeza durante años y me estabas pidiendo que lo decidiera en cinco minutos. Me agobié muchísimo. Una compañera me dijo que pusiera cualquier cosa, que daba igual, que solo era un ejercicio de clase y que no me tenía que agobiar tanto por eso... y eso hice. En contra de mis creencias, puse algo tan básico y superficial como "la familia". Me llevé una desagradable sorpresa cuando empezaste a leer los papelitos. ¿Cómo es que más de la mitad de la clase de 2º de Bachillerato puede pensar que la familia es lo que da sentido a la vida? Mi cara era todo un poema ante esa respuesta del nivel de un niño de 7 años. O sea, ¿cómo una cosa independiente de ti puede ser tu sentido de la vida? ¿Con esto me estás diciendo que si tu familia no estuviera te suicidarías? ¿Tu vida es realmente tuya si el sentido de TU vida depende de otro ser humano? ¿Tan vacío hay que estar por dentro? 

 Me dieron ganas de levantar la mano y preguntar estas cositas a la gente, pero no lo hice y me guardé esto para mí. Como de costumbre, esa noche no pude conciliar el sueño, pensando una vez más en cuestiones metafísicas que seguramente nunca tendrán respuesta, pero me vino una idea y empecé a tirar de ella. 

 Era simplemente mi abuelo, que ya falleció hace tiempo. Él era un hombre al que le daba todo igual y solía acabar sus días en el bar de debajo de su casa bebiendo vino con sus amigos. Tengo el recuerdo de que él era feliz, nunca lo vi triste. De ese tema pasé al siguiente. Los abuelos son a los que menos les importa la muerte, aunque, paradójicamente, son los que más cerca están de ella. A mí no me da miedo la muerte, solo morir con dolor o morir dejando algo muy importante a medias. En medio de mis pensamientos interrumpió mi pregunta inicial, y empecé a atar cabos. La vida no tiene sentido si no morimos, ya que no nos daríamos prisa por hacer cosas y no nos importaría nada, pues tendríamos toda la vida para hacerlo. Y la muerte no tiene sentido sin la vida, ya que, para que algo muera, tiene que estar vivo. Entonces, ¿el sentido de la vida es la muerte?  Yo estoy viva porque voy a morir, y la gente nace porque hay otra que muere (si no, tendríamos un problema muy gordo).

 No te miento si te digo que me invadió la felicidad al llegar esta conclusión. 

 Hasta ahora he estado viviendo tranquilamente con esta respuesta, que para mí es bastante válida y aunque no sea una conclusión superbonita y esperanzadora, afronto la vida de otra manera sabiendo que vivir tiene un sentido. 

 Y para más colmo, estos días de cuarentena, he tenido la suerte de encontrarme con un libro de mi hermano de cuando estaba en 1° de Bachillerato. Su título es "Las preguntas de la vida" de Fernando Savater. Al leer este nombre me pareció familiar y caí en que ese apellido lo conocía de Leticia Sabater (desgraciadamente). En fin, me entró la curiosidad y me puse a ojear el libro. Para mi sorpresa, en la primera página que abrí me encontré con el primer capítulo "La muerte para empezar". ¿Casualidad? No lo sé, pero lo que sí sé es que,  después de leer el capítulo, tuve una sensación de alegría, por saber que no había llegado a ninguna locura de conclusión, y el extraño sentimiento de sentir que formaba parte de algo, como si fuera una comunidad que comparte este pensamiento. Entre una cosa y otra, me acabé el libro y siento envidia de mi hermano, ya que él ha trabajado en clase este temario y me parecen temas más interesantes y útiles que lo que dimos nosotros."

Sé que es un poco raro mandarte esto ahora, pero ya que estaba escrito, no quería quedármelo para mí sola. 

 Un saludo. 

 

domingo, 3 de enero de 2021

CAFÉ FILOSÓFICO EL LUNES 4 DE ENERO A LAS 18:30

El martes pasado llevamos a cabo un café filosófico durante dos horas. Se propusieron tres preguntas: 

  • ¿Existe Dios?
  • ¿Mejor un estado laico que un estado aconfesional?
  • ¿Debe el arte ser autónomo o debe implicarse en la sociedad?

Se eligió el tercer tema, el del arte.

Aspectos que destacaría:

-El hecho de contar con tres participantes nos privó de diversidad de puntos de vista, pero evitó que las respuestas se dispersaran, por lo que nos centramos en unas pocas ideas.

-Es curioso hasta qué punto algunos términos que utilizamos en nuestras preguntas son conocidos pero pueden resultar vagos o ambiguos. Digo esto porque estuvimos problematizando un buen rato la pregunta, sobre todo, tres términos de la misma: "arte", "autónomo" y "sociedad". Sobre el primero, lo entendimos en un sentido amplio, es decir, como cualquier manifestación artística (pintura, arquitectura, fotografía, literatura...). Sobre el segundo (autónomo), se definió como "no comprometido políticamente y desvinculado de toda ideología". El tercero dio lugar a que un participante pidiera sustituir "sociedad" por "política", pues el primer término es más amplio que el segundo, o sea, que no todo lo social es político. Pero ¿qué es lo específico de la política? Para un participante, "lo que tiene que ver con las leyes", para el otro, "cualquier decisión está relacionada con la política". Pero esta tesis era problemática. El primer problema era que, si "todo es política", no es posible discernir entre unas decisiones y otras. El segundo problema implicaba la desaparición del primer término de la disyunción que se proponía en la pregunta, ya que, si "todo es política", el arte también, luego ya no puede ser autónomo y la pregunta quedaba respondida: el arte debe comprometerse políticamente. Al final, y en aras de claridad, se acordó identificar la política con la ideología y reformular la pregunta de la siguiente manera: ¿Debe el arte (en cualquiera de sus manifestaciones) ser autónomo (desvinculado de cualquier ideología política) o debe implicarse en una ideología política?

Hubo consenso en considerar que el arte debe ser autónomo, utilizando dos argumentos centrados en la creatividad y la libertad, es decir, el objetivo del artista debe ser el arte por el arte, la expresión y el desarrollo libre de su creatividad en busca de la belleza. Esta cuestión dio lugar a otra pregunta: ¿Puede perseguir el artista otro fin que no sea la belleza?, cuya respuesta quedó solo esbozada.

También se planteó que la implicación política del artista sería justificable en una situación de desigualdad social, utilizando la obra de arte para expresar y denunciar las injusticias sociales, vinculando el arte a una ideología política de izquierdas. Sin embargo, ¿existiría también un arte vinculado a la ideología de derechas? ¿Qué expresaría dicho arte?

Por último, pusimos ejemplos de artistas autónomos y ejemplos de artistas comprometidos políticamente. También llevamos una pequeña investigación sobre el fundamente del gusto estético. Para ello, se eligieron algunas obras de arte y se respondió a la pregunta: ¿qué elementos encuentro en esta obra que hacen que me guste?

Al final, como es normal y deseable en filosofía, terminamos la sesión con más preguntas que respuestas.

Si te apetece seguir dialogando críticamente en grupo, mañana, lunes 4 de enero, llevaremos a cabo el último café filosófico de Navidad a las 18:30. Elegiremos el tema entre los que los participantes propongan. 

Quien quiera participar, debe instalar Hangouts Meet en su ordenador (gratuita) y escribirme a la dirección pello@ugleskola.eus para que yo le envíe unas horas antes la invitación para que se conecte. 

Hasta mañana y... ¡SAPERE AUDE!