viernes, 6 de mayo de 2016

IDEAS PARA LA ERA POSTARCELOR

Foto: Mertxe Peña
¿Es posible un futuro sin Arcelor? Sí claro, lo ha sido posible pese al continuo descenso de puestos de trabajo en esa misma empresa que pasó de 3.000 a 300, en número redondos, y el consiguiente descenso de población en Zumárraga, que ha pasado de los 12.619 habitantes de 1.977 a los 9.950 actuales. Ha sido posible también un futuro más allá del cierre de empresas emblemáticas en su siamesa Urretxu, como es el caso de Irimo, que llegó a contar con más de 500 trabajadores, y otras como Madaya, Pedro Rodríguez, Sarralde, etc., aunque Urretxu, al contrario que Zumarraga, ha conseguido mantener e incluso aumentar la población que consiguió en la década de los 70.  Así que, el futuro es posible. No un futuro similar al pasado, pero sí otro futuro que convendría ir diseñando. Si descontamos el hospital, donde trabajan alrededor de 500 personas, y las iniciativas públicas o concertadas, el futuro (laboral) lo han construido y lo irán construyendo las pequeñas y medianas empresas que se asienten en ambos municipios. Y ese será, seguramente el camino a seguir, solo que, ahora, el esfuerzo por impulsar la creación de nuevas empresas parece perentorio para paliar el efecto que va a tener la pérdida de los puestos de trabajo, la pérdida de población, y el efecto que, como fichas de dominó que caen una tras otra, estas pérdidas provocarán en otros sectores y servicios.

Yo, por mi parte, he aprovechado esta ocasión para trabajar el pensamiento crítico y creativo con mis alumnos y les he pedido que se atrevan a mirar el problema desde otra perspectiva y respondan a la siguiente pregunta: ¿cuáles son o pueden ser las ventajas del cierre de Arcelor?, ¿es posible ver beneficios en el cierre de Arcelor?, ¿es posible ver el cierre de Arcelor como una oportunidad o una posibilidad para algo mejor? Os ofrezco algunas respuestas aderezadas con aportaciones tanto mías como de mi alumnado:

- Disfrutaremos de un mejor medio ambiente, que se traducirá en una mejora de la calidad del aire y la reducción del ruido.

- El cierre de ArcelorMittal puede ayudar a asegurar la viabilidad de otras empresas de la misma firma y a conservar otros puestos de trabajo de esos otros trabajadores que, en el fondo, no dejan de ser son compañeros de trabajo.

- Los trabajadores que renuncien a irse y se queden aquí en el paro y tengan una titulación pueden encontrar un puesto de trabajo mejor. Y los que se queden aquí y no tengan titulación pueden estudiar en UGLE o en otro centro un ciclo formativo y, de esa manera, encontrar un puesto de trabajo mejor que el que tenían. Por su parte, los que se vayan a Asturias con sus familias pueden irse con la ilusión de empezar una nueva etapa en sus vidas que no tiene por qué ser peor que la etapa que terminan.

- Los trabajadores podrían comprar la empresa con ayuda oficial y, si los datos que poseen y los estudios de mercado confirman que es viable, podrían crear una cooperativa que, con todas las ayudas y asesoramiento posibles, continúe con la actividad.

- Vender la empresa a otra u otras del mismo sector o de otro. O convertir la vasta extensión de la planta en una zona para pequeñas y medianas empresas.

- Pedir al Gobierno que acoja a refugiados sirios y que los alojen en los pisos de los trabajadores que se vayan a Asturias, de tal forma que, con el alquiler del piso que el Gobierno pague a estos trabajadores, estos pueden hacer frente más fácilmente al alquiler o compra de un piso en Asturias.

- Se pueden convocar becas de investigación para que los historiadores escriban la historia de la industria siderometalúrgica de nuestros pueblos a través de la empresas más grandes y representativas, ya que esa historia es la historia de cómo nuestros pueblos son lo que son y no otra cosa, la historia de las gentes que se fueron y vinieron, los cambios sociales, culturales y urbanísticos que han sufrido desde principios del siglo XX. (Por cierto, Ediciones Zum publicó dos trabajos en el 2009: Urola Garaiko Industria I y Urola Garaiko Industria II).

- Podemos pensar cómo reutilizar las naves y pabellones industriales ruinosos que ya adornan la entrada desde Legazpi, o pensar en cómo convertir toda esa ruina en una larga Avenida que acoja, quizá, un gran Guggenheim de la industria del acero y, junto a Legazpi y Lenbur, crear una oferta turística y cultural en torno al hierro y al acero


Foto: Mertxe Peña
- Y como ya ambos pueblos comparten un legado de ruina industrial y debido a la necesidad, quizá Zumarraga y Urretxu (sobre todo) y Legazpi empiecen a replantearse en serio sus relaciones y comiencen a pensar algo, por lo visto, impensable hasta ahora: que tienen los mismos intereses. Y una vez llegada a esa conclusión, empiecen a explorar la posibilidad de unir de forma sincera y con “altura de miras”, si no los municipios, sí las ilusiones, fuerzas, recursos, sinergias… y provocar un movimiento revulsivo de unión, participación y colaboración entre todos.

- De igual manera que ocurre con las inundaciones y temporales, podremos pedir que nos califiquen como “comarca o zona catastrófica” y así nos podamos beneficiar de las políticas de subvenciones, inversiones de diversos organismos que faciliten la creación de nuevas empresas donde tengan preferencia los ex trabajadores de Arcelor.

- Se puede pedir que las instituciones se involucren más y den un impulso mayor a nuevos proyectos de emprendizaje  o a los que todavía están en estado incipiente, como es el caso del sector socio-sanitario con (ciclo de Ortoprotésica en UGLE, proyecto Onbideratu de UGGASA…).

- También se pueden crear comisiones de participación ciudadana para reflexionar sobre el futuro económico e industrial de nuestros pueblos.

- Y siempre queda la opción de pedir ayuda a aquellos zumarragarras y urretxuarras que por un motivo u otro se mueven en círculos económicos o empresariales para que ejerzan su influencia y traigan iniciativas.

¿Y a ti? 
¿Se te ocurre alguna otra idea para descubrir si hay vida más allá de Arcelor?


martes, 3 de mayo de 2016

¿HAY VIDA MÁS ALLÁ DE ARCELOR?


Foto: Mertxe Peña
La única esperanza que he mantenido a lo largo de estas semanas de agonía en torno a la lenta muerte de Arcelor, es que hubiera dos negociaciones, una pública, que es la que reflejaban los medios de comunicación, donde reinaba el desacuerdo; y otra reservada, donde los poderes públicos y la dirección de la empresa llegaban a algún acuerdo. Sin embargo, mucho me temo que Arcelor se cierra y, qué queréis que os diga, si es verdad que “la vida media de las sociedades en España es de 11,69 años” (El Economista, 14-10-2015), lo raro es que haya durado tanto tiempo. Aunque, quizá, sería más correcto decir que, desde que naciera en 1930, la empresa ha muerto y resucitado cada vez que ha cambiado de accionista, (Esteban Orbegozo, Acenor, Marcial Ucín, Aceralia, Arcelor, ArcelorMittal), o también se podría decir que ha ido muriendo desde que empezó su lento pero continuado declive.

Queda algún que otro cartucho, como algún contacto o reunión que el alcalde Zumárraga y la consejera de Industria van a mantener con la dirección europea de ArcelorMittal. Pero, aun reconociendo el compromiso y perseverancia de Mikel Serrano y sin tener la información suficiente para valorar si la política del Gobierno Vasco ha sido acertada o no, yo no veo indicios de que el gigante del acero vaya a mantener abierta una fábrica que muchos intuíamos que era cuestión de tiempo que cerrara. Y que si no cerraba ésta, es porque cerraba otra, entrando en la lógica endemoniada de este tipo de crisis: suspirar de alivio cada vez que se cierra otra que no es la tuya.


Foto: Mertxe Peña
Y a partir de aquí, ¿qué? Pues, por una parte, espero que cada persona o familia consiga resolver de la mejor manera posible el dilema que se le presenta. Por otra parte, espero que todos, afectados directos (trabajadores, familiares, transportistas...) e indirectos (el resto de la comarca), pasemos el duelo con todas sus fases: negación, enfado, negociación, depresión y aceptación. La aceptación no significa estar de acuerdo con lo ocurrido o resignarnos a un futuro gris y decadente para este valle. La aceptación significa dejar de luchar contra la realidad, dejar ya de malgastar nuestras fuerzas en intentar cambiar decisiones ajenas que parecen irreversibles, dejar de fijarnos en lo que no está en nuestras manos y empezar a centrarnos exclusivamente en lo que depende de nosotros. Porque, ¿es posible imaginarse un Zumarraga-Urretxu sin Arcelor, sobre todo para quienes no hemos conocido otra cosa? ¿Es posible un futuro sin Arcelor? ¿Hay vida más allá de Arcelor?