viernes, 12 de junio de 2015

URRETXU Y ZUMARRAGA O LOS CATETOS DE VILLARRIBA Y VILLABAJO

Hace poco, en una de las clases del curso de Excelencia Personal, trabajando el valor de la humildad, hablamos de los modelos mentales, es decir, del conjunto de elementos que hace que cada uno de nosotros interprete y valore la realidad de determinada manera y actúe, por lo general, en consecuencia. Para rastrear esas creencias básicas hicimos un ejercicio en el que yo planteaba varias preguntas. Una de ellas era "¿Deberían unirse Urretxu y Zumarraga?" Alguien respondía a la pregunta y otra persona debía hacerle otra pregunta para indagar qué valor o creencia subyacía a su respuesta, y así sucesivamente. El debate se alejó del objetivo (rastrear el modelo mental) pero fue muy interesante. La postura mayoritaria era la de que ambos pueblos fueran acercándose, aunque con matices. Yo me mantuve al margen y me limité a hacer algunas preguntas. 

Hoy tenía intención de escribir sobre otro tema local, pero cuando he tenido que teclear las letras para escribir los nombres de los dos pueblos, he dicho: "¡Se acabó!" Efectivamente, a partir de ahora, para referirme a las localidades de Urretxu y Zumarraga utilizaré el nombre "Zubi" por tres razones:

1. Porque es más breve y funcional.
2. Porque en las dos primeras letras aparecen las iniciales de ambos pueblos (ya lo siento, pero no existe la palabra "uzbi").
3. Porque incluye un juego de palabras entre "bi" (dos, en euskara) y "zubi" (puente, en euskara). De esta manera, expreso con una sola palabra lo que siempre he hecho y he sentido desde que tengo uso de razón: vivir entre las calles y la gente de un solo lugar aunque fueran dos.


Así pues, que le den por saco a la historia, esa que es única pero que cada uno la utiliza luego en función de sus propios intereses para justificar una cosa o la otra (¿Por qué nació Villarreal de Urrechua en 1383? ¿Qué motivos tenían sus fundadores? ¿De quién querían librarse y a quién pidieron ayuda?). Que le den por saco a la "idiosincrasia" de cada pueblo, apoyada en idioteces como que los de Urretxu son más así y los de Zumarraga más asá y hay que seguir conservando esa diferencia. (¿En qué lugar de este indiferenciado valle vivían los fundadores de Villareal de Urrechua? ¿En qué ladera de qué monte?). Que le den por saco a la falta de condiciones para afrontar esa cuestión (¿A quién le faltan condiciones? ¿Quién va a ganar y perder con la unión y con la desunión? ¿A quién le interesa y a quién no?). 

Decía el filósofo Descartes que el sentido común era la cosa más repartida en el mundo y no se equivocaba. Si no, observad cómo la unión de ambos pueblos es ya un hecho a nivel social, cómo la mayoría de la gente se empareja y mezcla sin mirarse el lugar de nacimiento en el carné de identidad, mirad cómo reside indistintamente a un lado u otro del río, cómo pone sus negocio o empresa aquí o allá, cómo funciona ya como si viviera en un solo lugar. En contraposición, debe presenciar absurdos, como que en algunos ambientes sea un tema casi tabú o "espinoso", que no se haya generado un debate o un estudio sobre distintas formas de unión o las ventajas e inconvenientes de un proceso de este tipo, que concejales y/o alcaldes nacidos o residentes en un pueblo ocupen sus cargos en el otro, que no haya, por lo menos, comisiones mixtas permanentes de urbanismo, servicios, transportes, economía e industria... (otro día quizá hable de la descomarca de Urola Garaia).

Por supuesto que todavía queda gente en ambos pueblos con una mentalidad retrógrada y tribal tan propia en esta tierra de larga tradición banderiza, empeñada en que prevalezca más lo que nos separa (el pasado), que lo que nos une (¡el futuro, insensatos!). Y tengo que confesar que, según mi experiencia, los he encontrado más en Urretxu que en Zumarraga. Todavía recuerdo que en una entrevista que le hacían a alguien, a la pregunta de qué valoraba más en una persona, respondía... ¡que fuera de Urretxu! O sea, no que fuera honrada, responsable, empática, solidaria, imaginativa, creativa, alegre y con buen humor, culta, respetuosa, ejemplar, ética, cooperadora, comprensiva (en fin, la lista de cualidades positivas que puede tener alguien es interminable), sino que fuera de Urretxu. Valorar a alguien porque haya nacido a un lado del Urola en lugar de al otro es tan injusto y descabellado como valorar a alguien porque sea de determinada raza o sexo, ya que son cualidades que nadie puede elegir. En otra ocasión, siendo presidente de la sociedad euskaltzale Zintzo-Mintzo, asistí a una reunión para valorar las fiestas de Urretxu y aluciné en colores cuando alguien defendía en un castellano perfecto que la "euskal jaia" (fiesta vasca) debía ser potenciada (no por la cultura, la tradición o el euskara), sino (vuelve a agarrarte) "porque era algo que nos diferenciaba de Zumarraga". Aunque menos, también he encontrado gente de esta en Zumarraga, con una postura más arrogante y prepotente hacia sus vecinos "con complejo de inferioridad".

Pero esta situación va a ser cada vez más insostenible porque el sentido común, igual que lo ha ido haciendo hasta ahora, se va a ir imponiendo frente a miedos, inercias y memeces varias que todavía tendremos que escuchar para justificar lo que, en pleno 2015, en una sociedad con una mentalidad mínimamente racional, abierta y preocupada por el futuro, sobre todo económico, es injustificable.

Hace muchos años, cuando alguien de fuera venía de visita a Zubi y le explicaba con cierta autosatisfacción ("¡fíjate qué cosa más curiosa ocurre aquí con estos dos pueblos!") que lo que es un mismo núcleo urbano, es en realidad dos pueblos distintos con ayuntamientos distintos, solía recibir por respuesta una sonrisa forzada y una mirada incrédula. Ahora comprendo que esa sonrisa forzada y mirada incrédula expresaban algo así como "pues qué estupidez", aunque no se atreviera a dercírmelo con estas palabras. Lo mejor de todo es que esa impresión de "situación incomprensiblemente estúpida", la percibo no ya en la gente de fuera, que también, sino en mis hijos y en la mayoría de los jóvenes con los que hablo y que han nacido en Zubi.

Vamos, que para ellos somos ya como los catetos de Villarriba y Villabajo de aquel anuncio de Fairy, aunque desgraciadamente, Luis García Berlanga no se fijó en nosotros para hacer una serie.






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